miércoles, 29 de mayo de 2013

La tía Elda y la oscuridad



En realidad fue una mentira –estúpidamente literaria– eso de que toqué “Georgia in my Mind” de Ray Charles para después vender el saxofón, como el boxeador que cuelga los guantes. Mentira. Lo vendí porque nos cortaron la luz, los hijos de su madre de “Edesur”. Doscientos cincuenta pesos. No los  tenía. Es uno de los peores momentos en la vida de un hombre cuando te cortan la luz. Un corte a la virilidad. Uno siente que no sirve para nada, ni como tipo, ni como nada. Ni pensar en la pobre gente que pierde la casa, que tiene que irse a una pensión o a la calle. Es duro, muy duro el mundo. Y Laura, que bueno, uno se hace cargo, yo no quería verla así, con Mora chiquita y Santi, un bebé, mirándome con esos ojos grandes de dependo de vos y a lo que hemos llegado.
       –“Hora de vender el saxo”– dije.
        Y Laura, “¿Estás seguro?” porque ella siempre piensa en alguna otra salida, claro que… Creo que fue ese día el que acuñé ese pensamiento patético de que “mi miedo a la oscuridad es mayor que mi amor a la música”
La cosa es que entonces sí, tomé el saxo y me fui para los negocios de la calle Talcahuano. Eso sí que es verdad.
Y Laura, antes de salir, me habla del jarrón de la tía Elda.
Yo nunca conocí a la tía Elda. Sé que no tuvo hijos y que dejó, al irse de este mundo, algunas posesiones que, ávidamente, los primos y demás parientes, tironearon graznándose amenazas, peleándose entre ellos, a ver qué se podía rapiñar.
          Había un jarrón de vidrio, un jarrón horrible, naranja y negro, con forma de copa o de frutera deformada. De tan feo nadie lo quiso. Lo pusieron en la vereda, en un cajón de manzanas, con la ropa y las cosas para tirar. Ese jarrón fue la herencia que le quedó a Laura de la tía Elda. En honor a mi difunta suegra hay que decir que ella fue la única que vio que era un vidrio firmado, que lo alzó y se lo llevó a la casa. Así fue como llegó a nuestras vidas.
Era bien feo. Quedó ahí sobre el piano, esperando el día de romperse con algún pelotazo de Santi.
 Entonces fui y vendí el saxo a mil quinientos pesos. Es triste, valía más del doble, pero bueno, la necesidad, todo eso.
Y después recorrí algunos anticuarios por el barrio de Retiro. Mostré el jarrón. “Mil quinientos” también dijo una señora que lo miró concienzudamente. A mí me van las coincidencias. “Dos que ofrecen mil quinientos, por algo debe ser” me dije pensando en jugarle esas cuatro cifras a la quiniela de la tarde.
Y cuando la señora vino, con los billetes, no lo pude creer: eran mil quinientos dólares. (Un dólar al cambio de aquel momento=cuatro pesos). Me quise matar. ¿Para qué cuernos había vendido el saxofón primero, maldito, siempre el mismo perdedor, yo?
Pero bueno, estúpidos parientes de la Tía Elda. No haber visto el valor del jarrón horrible. Esas cosas de viejo que uno desprecia. Hay un capítulo del “I Ching”,  que se titula: “La necedad juvenil”
O tal vez fue una ayuda desde el más allá, de la tía a quien nunca tuve el honor. A quién le importa.
Al día siguiente, o al otro, volvió la luz. El dinero alcanzó para un par de meses. Compré una cuna para Santi y un velador rosado, de princesas, para Mora. Uno que daba vueltas gracias al calor de la lamparita.

                                                                                (...de la novela Un Mundo Hecho de Dogos y de Lauras)

PD: Muchas Gracias a Emilie de http://valerianaenflor.blogspot.com.ar/

14 comentarios:

  1. jajaja qué gracia tenés,che!
    A veces la vida nos dá una de cal y otra de arena,y no nos queda otra que aceptar sin chistar.
    Maravilloso, macanudo, escritor sos vós.
    Bicos.

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    1. las crisis y los fondos monetarios provocan ciertas literaturas. Supongo que en la península estarán prolíficos. El estado de bienestar es egoísta y burgués las crisis sacan lo mejor y lo peor de nosotros.
      gracias ohmita

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  2. Me hacés ver el jarrón perfectamente...
    Me gusta la idea de que algo tan feo y por el que nadie de la familia daba dos mangos haya dado ese rédito. Una grata sorpresa, sobre todo cuando se está jodido de guita como el protagonista.
    Triste realidad la que describís, realidad muy real (no me puedo ni imaginar lo que debe ser quedarte sin casa, llevándolo al extremo).
    Beso Garriga, me gustó mucho el texto

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    1. Gracias Eva,ledecía a Ohma arriba eso de las crisis

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  3. ¡Qué mirar la de esos ojos grades de mujer rodeada de los dos niños! Se sienten las emociones y los sentimientos que le embargan a él y a la vez la fuerza para tomar las decisión.
    Lo del jarrón de la tía es graciosísimo, dos veces lo tachas de horrible y otras dos de feo, pero... ¡jajaja!

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    1. no sabés cuánto te agradezco tu atenta lectura

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  4. Las apariencias engañan. No puede uno fiarse de los jarrones feos. Ni de los patos.
    Un abrazo.

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    1. me perdí con la de los patos
      fue merito de mi suegra
      qepd

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  5. Nunca se sabe las vueltas que da la vida, un horrible jarrón despreciado por todos, salido casi de la basura de pronto te da el oxígeno necesario para aguantar en momentos duros. Cacho pena haber vendido antes el saxo, tienes razón.

    Ojalá nunca más te veas en semejante situación pero recuerda, despréndete siempre antes de lo que menos quieras :))

    Emile es un cielazo, me alegro mucho que te haya hecho a su modo un precioso homenaje y tú a tu modo uno a ella, se lo decía allí, ambos tenéis un corazón increíble que se os sale por las letras, eso se ve aquí casi más incluso que mirando a una cara en la calle. Un gusto conocer a ambos en letras... aunque siempre me gustará más que todo el corazón que asoma por ellas.

    Muchos besos GARRIGA

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    1. Gracias María. Entre Emilie y vos me ahorraron la visita al cardiólogo. Un beso enorme.

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  6. No es que tu miedo a la oscuridad sea más grande que tu amor a la música. Es que tu amor a la familia es más grande que cualquier cosa.
    Mira que si llega a morir el jarrón de un balonazo y os quedais para siempre sin saber lo que valía...
    Me encantó. Besos!

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    1. Y a oscuras no encontraríamos los pedazos, ja

      gracias nuria me encanta que pases a visitarme.

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  7. Ha! la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida...siempre me gustó esa frase. El monstruote de Garriguita da más miedo que la oscuridad :)

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    1. si, se mandó una serie de monstruos y diablos que mi dios, no los agarre el sicologo.
      Gracias Fedora

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