miércoles, 24 de julio de 2013

Queso y Bendiciones




Bueno, no es que tuve una premeditación de tomarme
un descanso del blog.
Sólo sucedió. Además se había roto el scanner por lo que 
Garriguita me quedaba fuera
y esto no era lo mismo sin él.
Sólo eso, sólo sucedió
Además he estado muy concentrado escribiendo mucho
dos novelas a la vez lo que es bastante enloquecedor.
Así que ahora vuelvo por aquí un rato
pidiendo disculpas a quienes no visité
 y dedico este primer post
a María, por acordarse de mí, muchas gracias.


Queso y bendiciones

            En el country, los vecinos, decían que estaba loca de remate pero él trabajaba lo mismo para la señora Esther. La plata era la plata, pensaba y, además: ¿qué podía llegar a hacerle una señora mayor a un jardinero?
            Era cierto que era rara y que tenía algo de esotérica también. Una vez, charlando, la señora le había contado que se dedicaba al estudio de las “Ciencias de la Vida”. Era una mujer algo gorda. Tenía la risa fuerte y clara y vestía siempre igual: una túnica naranja, larga hasta el suelo, adornada con unos soles hechos en batik.
            La señora Esther disfrutaba mucho de la conversación. Siempre se le aparecía al jardinero cuando carpía los macizos de lavandas y azaleas. Traía la pava y el mate. Él le hablaba de sus hijos, Pancho y Moncho, que eran traviesos pero buenos muchachitos; de su esposa, que cocinaba el mejor pan con chicharrón de todo el barrio. Le contaba cosas de su vida; de la casa humilde, pero limpia. Del sacrificio por pagar el terrenito, cuota a cuota y año a año.
            Le contaba de cuando Ezeiza era un páramo en el que sólo había un almacén, el del gallego. Ahora hasta habían puesto dos supermercados: Disco y Coto. Y también estaban los countries. Eran muchos los del barrio que trabajaban en los countries. Sin ir más lejos, de su cuadra, estaba él, que era jardinero y Carlos, el de al lado de su casa, que era plomero. Después Gastón y sus hijos, que se dedicaban a limpiar piletas. O Romina, la hija de la Gladys, que era loca por los perros: los bañaba y los paseaba. Y todo gracias a los countries.
La señora lo escuchaba y reía, de batik naranja, entre las plantas.
            –Hice bizcochuelo –lo invitó un día. –Vení, pasá, te convido un pedacito.
            –No –se disculpó. Adujo que estaba embarrado, que le iba a ensuciar los pisos.
            –¡Faltaba más! –se enojó la señora Esther– ¡Pasá!–
            Entonces entró. Era linda la casa. Tenía lujos. Tele chata y alfombras.  Estaba recién pintada. Almohadones de colores y adornos. Había cuadros en las paredes: imágenes de Cristo. Y libros, muchos libros. Era verdad que parecía esotérica, la señora; pero el bizcochuelo estaba rico. Con un mate, a las cinco de la tarde, no había con qué darle. Se sentaron en sillones blandos y cómodos. La señora le contó que estudiaba en el centro. Que había estado mal, que no se encontraba, hasta que fue a “Ciencias de la Vida” y cambió la suya.
 –Algunos dicen, –dijo –que es como una  iglesia, o una secta. Pero nada, nada, que ver. Es un lugar en el que se aprende a vivir mejor, a estar en paz con uno mismo. El secreto radica en la respiración. Manejar la respiración es la base de todo. Así, ¿Ves Ernesto? –dijo haciendo movimientos raros con los brazos. Respiraba profundo, con ruido.
–¡El secreto está en la respiración! –gritó conteniendo el aire para después largarse a reír con esa carcajada grande y abierta que tenía la señora Esther.
Ernesto dijo, por decir algo, que sí, que era cierto, que –si no respiramos nos morimos–.
Ella entonces se puso seria:
–La vida no se puede transitar solo para comer y trabajar. Tenemos que elevarnos. Ser parte del universo. Una hormiga es tan esencial como un ser humano. No hay que matar ni una mosca ni una araña –. Estaba agitada, la señora; se había compenetrado tanto con el tema que sus cachetes  enrojecieron. Le pidió disculpas, a Ernesto, por apasionarse tanto y continuó con su discurso. Dijo que para ser seres elevados y alcanzar la iluminación, tenían que ser mejores personas, a cada minuto, a cada instante.
El jardinero, mucho no podía seguirle el hilo. A pesar del esfuerzo por mantenerse concentrado, sólo escuchaba la voz de la señora y no lo que decía. Terminó dormido.
Despertó sobresaltado.
–¡Qué vergüenza! –se recriminó a sí mismo. –La tipa me habla y yo me quedo dormido.
Pidió disculpas.
–No sé lo que me pasó, fue una cabeceadita, nada más.
            Esther se echó a reír.
            –¿Ves Ernesto? –dijo– lograste relajarte. Vos tenés los canales abiertos.
            –¿Qué canales? –preguntó el jardinero que se había levantado muy temprano esa mañana y estaba rendido– para mí son los sillones. Son re–cómodos estos sillones.
            –¿Te gustan los sillones? Entonces, –dijo la señora Esther– ¡te los regalo!
            –No. Por favor. ¿Cómo va a regalármelos?
            –¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? Yo quiero. Además llegaste justo porque compré unos nuevos. No los necesito. Andá para tu casa y hacé lugar. Mañana te venís con un flete y te los llevás. No quiero que me digas nada. Yo tengo ganas de regalarte los sillones.
            –¿Pero qué voy a hacer con semejantes sillonotes? –se fue pensando el jardinero, pedaleando rumbo a casa. Su hogar era pequeño.  Era verdad lo que decían: la señora Esther está totalmente loca.
            Y al día siguiente lo primero que hizo la señora fue llamarlo. Que si no los venía a buscar, se ofendía. Puestas así las cosas, a Ernesto no le quedó otra que hablar con Tito, su vecino, el del Rastrojero. Tito era la primera vez en su vida que entraba a un country. Lo impresionaron los tipos de la vigilancia, y el cuidado que pusieron en revisar sus documentos y las cosas que traían en la caja de la desvencijada camioneta. Llamaron a la señora Esther, que inmediatamente los hizo pasar. Ernesto pudo escuchar su vozarrón por el teléfono del de la vigilancia. –Los señores venían a retirar unos muebles–, dijo.
–Estos son todos millonarios– observó Tito sin poder creer el lujo de todas esas casas. ¡Y los autos que tenían estacionados en las puertas!
            –Sí, pero hay de todo –dijo Ernesto. –Gente buena y gente mala. Como en cualquier barrio.
            Eran grandes y pesados. Dos de un cuerpo y uno de tres. Tuvo que correr la mesa y el televisor. Una vez acomodados, el comedor quedó todo sillones. Cuando terminaron, con su familia estaban tan cansados que se fueron a dormir.
 A media noche, la esposa del jardinero se despertó por los ruidos y corridas que se escuchaban por toda la casa.
Eran lauchas.
            –¡Ernesto!– gritó despertando a su marido –¡La casa se nos llenó de lauchas!
            Sonaba raro pensar que hubieran venido en los sillones.
            –¡Lauchas de country! –dijo Moncho, haciéndose el gracioso. Hablaba imitando a los ricos, como con una papa en la boca.
            –¡No les hagan nada!– dijo Ernesto, de repente. –No hay que matar ningún ser vivo.
            Su familia se quedó mirándolo como si se tratara de una aparición.
–Parecés loco– dijo Pancho. –¿Qué comiste?
Pero Ernesto estaba desencajado. Gritó: –Todos somos parte del universo. ¡Una hormiga es tan esencial como una mosca!– Tenía tal cara que los suyos se echaron a reír. La risa fue contagiosa. Rieron sin poder parar, hasta que les dolieron las mandíbulas. 
Ernesto creyó que la sensación de picazón en los cachetes debía ser por tanta risa. Se trataba de unas puntadas cosquillosas de algo pugnando por salir. Era placentero.
Se quedaron callados, mirando hipnotizados los roedores que iban y venían por la casa. Por momentos detenían sus corridas, frente a ellos y, en dos patas, acicalándose los bigotes, parecía estar tratando de decir algo que Ernesto no alcanzaba a entender.
 A Pancho fue al primero al que le salieron bigotitos. La cara del muchacho se afinó y empezó a mover los labios en un gesto tan gracioso que todos volvieron a echarse a reír. Ernesto tomó algo de galleta que había quedado en la mesada y tiro las migas para que su hijo comiera. Fue fantástico. Se desternillaron.
Después le creció la colita. Era larga y suave al tacto. La de Moncho les dio más risa todavía: era roja. Los dientes de su esposa eran preciosos. Quedaba linda así, con esas orejas y el pelo tan suave.
Cuando se dio cuenta de que él también era gris y que le había salido una larga y linda cola, se sintió orgulloso. Se olieron, reconociéndose.
Fue divertido correr vertiginosamente por todas partes; meterse en recovecos, saltar en fila india por los caños de la luz. Una uva, caída detrás de la cocina, fue un tesoro azucarado; una sabrosura que estalló, jugosa, en la boca.
            Al amanecer sintieron la voz tronante de la Señora Esther. Estaba parada en la puerta, naranja, enorme, poderosa.
            Se pusieron a dar voces y chillidos, adorándola: “Señora Esther, señora Esther”
            –Vengan a mí– dijo ella arrojando pedacitos de queso en todas direcciones.
            Corrieron a treparse sobre sus hombros. Le hicieron cosquillas en el cuello. La señora estaba contenta.
Los llevó de vuelta al country, en su canasta. Con las otras lauchas se llamaron primas. Todas eran primas y la señora Esther, la Gran Tía.
            Las metió en un ropero vacío.
            –Escóndanse– ordenó. Enseguida hallaron dónde hacerlo. Se quedaron ahí, haciéndose muecas, jorobando entre ellas, aguantando la risa para que nadie supiera que estaban ahí metidas.
 A media mañana se escuchó la voz de Carlos, el plomero, que había venido al country para hacer unos arreglos. Ernesto lo había recomendado como de confianza.
            El plomero primero se negó. Dijo que de ningún modo podía aceptar un ropero tan lindo. La señora Esther, enojada, le contestó:
– ¿Por qué no? Si yo justo compré uno nuevo, y quiero darte este. Entonces llamaron otra vez al flete y lo cargaron, con las lauchas dentro. Sintieron la voz de Tito, preguntando que si en esa casa estaban todos locos que regalaban los muebles. Después saltos y bamboleos, cuando llegaron a las calles de tierra del barrio. Cuando se hiciera la noche saldrían y comerían miguitas, de los rincones. Y cuando Carlos y su familia despertaran, les dirían que fueran buenos con ellas, las lauchas; que traían un mensaje de amor y paz universal. Que todo sería muy divertido. Al plomero y a su familia, al final, les crecerían también las colas y los bigotes y vendría la Gran Tía, naranja y espléndida, a repartir queso y bendiciones.


            

21 comentarios:

  1. Que buen cuentol te felicio. Un poco de espanto convertirse en roedor je pero bueno tu relato.



    Saludos

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    1. Gracias bienquerida, me gustan tus palabras. Si las leo con atención te gusta mi cuentol, es como un medicamento, espero te haga bien. Y además me felicias. es decir yo felicio tu felicias el felicia, es como desear felicidad, calculo.
      Gracias.
      Me gusta que te guste
      y extrañaba

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  2. Ja, ja, ja, un final sorprendente!

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    1. ratones aqui se les dice a los que no tienen dinero. Pero nada que ver con el cuento, me acordé. Gracias Fedora querida.

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  3. excelente, muy muy mejorado. sep, lo recuerdo perfectamente pero esta version es muy superior.

    Un comentario por si otra vez le pasa algo con el scanner, con una digital le saca una buena foto al dibujo de garriguita y luego puerto USB o bluetooth a la pc como archivo JPG. Y listo, zafa hasta arreglar la maquinola

    le dejo beso

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    1. que bueno que le guste la version. No es tan distinta. Una estaba en primera, esta en tercera. Un pequeño cambio tècnico, de narrador. Quedaba màs legible, pensè yo. Asì que gracias por su atenta lectura, querida Laura. Y por tantos consejos. Si claro, deberìa haberme avivado. Pero bue, los cables de la maquinita de fotos se me perdieron y el bluetooth, es algo para mi como una pasta de dientes azul, calculo. A què hora sirven la sopa en el geriàtrico?
      je
      gracias

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  4. Qué imaginación tienes, jodío.
    Buen relato.
    Un abrazo.

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    1. me encanta cuando me decis jodío.
      me super encanta.
      gracias querido chema
      mac chema
      je

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  5. Todos al country metamorfoseados y felices al abrigo de esa túnica benefactora. Mientras no llegue un gato todo irá sobre ruedas, la señora no podría hacer nada.

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    1. no había pensado en los felinos. Es cierto. Pero las lauchas los han sobrevivido por siglos. Y ellos también. Se suponen unos a otros. Como el bien y el mal, como mi mujer y yo, calculo.
      Gracias zavalin,
      te andaba extrañando y està bueno lo que escribiste
      claro que arranquè por el catorce
      pero bue
      me pondre al día.

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  6. Hacia tiempo que no nos deleitabas con tus relatos, yo pensaba, " se habrá hecho famoso y ya pasa del blog, o tal vez, es que está muy atareado escribiendo?". Ahora ya sé que sí que estás escribiendo a tope, y esta es una muy buena noticia.
    En cuanto al relato me ha parecido que has echo acopio de tu estupenda imaginación y buen hacer.
    Un fuerte abrazo, querido Garriga.

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    1. no tengo ni idea de lo que es la fama
      ni sé cuantos ejemplares de mi libro se han vendido
      pero bue
      recibo tu abrazo como si me lo dieras
      gracias ohma

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  7. Si querías rompernos el corazón lo lograste... Nos das una sana constancia de lectura y de repente, zas! Nada, silencio de radio... Es que queres que vayamos hasta tu casa? Y pidamos no sólo algo para leer sino también algo de comer... Y para no morir ahogados algo de beber? No sé garriga... Fíjate... Abrazo fuerte y cordial para usted y su familia!

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  8. Esta vez, querida Laura, será en casa. Te daré de beber y de comer. No creo que sea apropiado aburrirte con lecturas, te cocinaremos mariscos al fuego ¿si?

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  9. Me has dejado con la boca abierta, con los ojos como platos, pero por toooodo!!!:))

    Te aseguro GARRIGA que siempre es un placer leerte y te mentiría si te dijera que nada más reconfortante que sentir que aunque sea en pequeñito, las palabras que dejamos por aquí, tienen esa reciprocidad en el cariño que al menos yo, es la única que espero y estooo... vaya que ¡¡me ha hecho una ilusión enoooorme la dedicatoria de tu entrada!! sieempre porque soy una mimosa enfermiza, pero no imaginas su efecto justo ahora que ando hipersensible y tonta perdida... así que antes de ponerme a moquear y empaparte toodo el blog, mejor te doy las graaaaacias infinitas y te pido perdón por no haber venido antes...lo siento ¿lo ves? esta vida es incomprensible, cuando tu llegas, yo no vengo, cuando yo me voy, tú vuelves pero por queeeeé es todo taaan complicado sieeempre xD!! con lo fácil que es la compenetración, no hay más que ver al universo lo sincronizado que funciona, cada estrella en su sitio, cada planeta... Salvo algún asteroide descarriado, todo va por la órbita perfecta que debe ir;))

    Ok, lo dejo ya y te cuento de tu cuento...

    No es que me haya encantado, me parece ( seguro que porque me has puesto loca de contenta :-) lo más bonito que te he leído, de verdad.. no lo mejor, no sabría entre tanto bueno tuyo qué es mejor o peor... pero sí, lo más increíblemente bonito...es un increíble cuento precioso lleno de sonrisas naranjas regordetas jajaja siempre te digo que tienes las dos versiones en tus letras, la oscura y por eso te llamo GARRI-kowski y la increíblemente mágica de G MÁRQUEZ... esta vez te has ido por esta vereda del realimo medio mágico, solo que no tan exotérico como el de Márquez...para eso tú eres argentino imaginativo pero racional y contenido, no como él que al ser5 Colombiano se le iba más la olla:)) de hecho, lo del rabito de los ratones me ha parecido un guiño a cien años de soledad y sus rabitos sonrosados de cerdo¿fue por eso que lo escribiste?:)) y esta adorable Sra Esther, pero si está tan loca como yo jajaja solo que ella es más adorable, exotérica y gordita y yo flaca jajaja pero vaaaya, salvo eso... yo quiero ser ella por favooor, qué maravilla, también yo quiero regalar todos mis muebles, meencanta cuando me desvalijan el blog jajaja soy más feliz que nadie, precioso, sencillamente precioso... jajaja hasta se le duerme el jardinero de lo que habla jajaja de mayor quiero ser tu Esther, en serio:))

    Muaaaaaaaaaksss!! inmeeenso mi querido GARRIMÁRQUEZ


    ...Estoy deseando que vengas a España a firmar tus novelas, estaré prime en la cola, prometido!! ¿me recordarás cuando seas súper famoso? ... yo sí y no sabes cómo voy a presumir de esto que has hecho hoy... graaaaaaaaaaaaaciaaaaaaaaasss.

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    1. bueno, querida María.
      has logrado conmoverme
      Dos veces ya.
      Lo de la fama, es solo un vestido, creo. Un traje caro. Debe dar placer ponerselo pero debajo, uno está desnudo, siempre.
      Y bukowski, si me gusta, y es verdad, a veces leo algo de él, para inspirarme.
      En cambio con el gabo, si, de algun modo me ha formado
      todo el boom me ha formado
      cortázar, sobre todo
      fuentes
      y el primer vargas llosa. el de conversacion en la catedral y pantaleon y las visitadoras.
      claro
      por lo que me honrás con tu comparativa
      y es cierto tu vision del cuento
      es, cómo decirlo, un detalle, un cuento menor, que cuida los detalles.
      Así que agradecido, el argentino
      y claro que iré algun dia
      espero
      tengo ganas,
      lo deseo
      y siempre que uno desea todo se alinea y se produce
      o no lo sabías?

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  10. Suerte con las novelas. Da curiosidad saber de qué la van!
    Salud

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    1. una es cortisima, creo. Y el primer capitulo esta en mis entradas antiguas, (todavia no lo borré) y se llama Fragmento. Habla de un mudo, con un padre homosexual.

      La otra no tiene nombre y se me hace que te debe gustar, por tu modo de escribir.
      Calculo que la llamaré algo asi como Tres tristes travestis, muertos. (¿te parece un buen tìtulo? a mi mucho no me va
      y va de un tipo que está casado con una prostituta, que pierde una pierna por una septicemia a causa de una pelea que ella tuvo con travestis y el tipo, un ex presidiario, se convierte en asesino serial de travestis de la zona roja, o algo así. El argumento, creo, en realidad, es lo que menos interesa. Pero de eso va. De una prostituta con pierna ortopédica y un asesino serial.
      y gracias, efa,
      por pasarte e interesarte.
      Adios.

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  11. Me voy de Vacaciones escritor, ahora si que si...
    Un beso grande para ti y los tuyos y hasta dentro de unas semanas..

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  12. Dice la canción infantil:

    Al barrer una hormiguita un moño rojo
    se encontró, se lo puso en la cabeza
    y en la puerta se sentó, al mirarla
    tan bonita el borrego se acercó
    ¿te quieres casar conmigo? preguntó
    con dulce voz—, no me gusta tu sonido
    la hormiguita contestó,pasó el perro
    pasó el gato y el gallito cantador
    a ninguno le hizo caso hasta que llegó
    el ratón, ratón Pérez se llamaba yyyy
    ese si que le gustó, al instante
    se casaron la hormiguita y el ratón
    y vivierón ,muy felices hasta que el ratón
    se ahogo en una olla de frijoles
    por lambusgo y comelón.

    Siempre los animalitos son bellos,
    incluyendo las vacas.
    ¿No te parece?
    saludos

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  13. Fantástico, maravilloso, divertido; hasta que me da por pensar que es la realidad social en la que unos bailan al son que otr@ les marca. ¡Vaya con la abuelita Esther!

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