sábado, 24 de agosto de 2013

LA OFRENDA (fragmento)


                                                                                "il diábolo" Jordi Garriga



 “Como tú no sabes cuál es el camino del viento,
o cómo crecen los huesos
 en el vientre de la mujer encinta,
así  ignoras la obra de Dios,
el cual hace todas las cosas.”

Eclesiastés 11:5

Había sucedido en la playa. Una tarde de sol. María Ofelia y el marido habían traído al abuelo para que conociera el mar. No hablaba el viejecito. Dios le había impedido hablar y caminar. La silla tenía inscripto en el espaldar “Círculo Médico de Lomas de Zamora” como dejando constancia de quién era el que había hecho beneficencia con el pobre abuelo que de tan pobre que había sido, recién ahora tenía la suerte de conocer el mar. El marido de María Ofelia había arrastrado la silla, con dificultad sobre lo blando de la arena, de espaldas. En la reunión en el templo habían estado cantando juntos, eran hermanos.  Sergio se ofreció a ayudar mientras que Dora parecía no percatarse de la fatal corriente de atracción que Sergio sentía por la mujer de su próximo. “No desearás, no fornicarás” pero se trataba de un volcán interior, bullendo incontrolable y ella, María Ofelia, le devolvía las miradas, echando fuego también por sus ojos, como diciendo sí, que a ella le pasaba lo mismo y mientras tanto todos sonreían y charlaban, como si todo fuera cosa de todos los días, viendo cómo el tierno viejecillo mojaba, por primera vez, su pie negro y costrudo, de uñas retorcidas,  en el agua suave y salitrosa de Mar del Tuyú.
–Ah, oh. –emitía su desdentada boca en algo que se suponía, sonaba parecido a una risita nerviosa y aguda.
Entretanto ellos compartían la humedad de haber tocado la bombilla del mate, uno después del otro mientras se contaban retazos de sus vidas dedicadas, claro, al trabajo y a la devoción.
Si Sergio hubiera sabido…  Y cuando se acabaron los bizcochos se ofreció a ir al departamento en busca de más, total quedaba en la costanera y María Ofelia dijo que aprovecharía para ir al baño y Dora, oh tonta Dora, que dijo “usá el de casa, que es más cerca, no vas a ir al restaurante que está sucio o al de tu casa que, me dijiste, queda a diez cuadras” y María Ofelia tan  respetuosa pidiéndole permiso al marido que dijo “andá” con la mirada, “yo me quedo cuidando al abuelito” y Dora dijo entonces: “acompañala, Sergio” y fueron y el Demonio, metiendo su cola voluptuosa entre los dos; una sonrisa, un roce y dejarse caer, ya, los cuerpos entrelazados sobre la cama, rápido que no tenemos tiempo, quitándole los trajes de baño. Y luego de la urgencia apasionada, las promesas de  verse al día siguiente, otra vez, con un poco más de tiempo. “Cuando nos veas venir decí que te vas a caminar”. Y así fue que al día siguiente lo hicieron de nuevo. No bien Sergio la vio venir con su marido y el abuelo en la silla de ruedas, “me voy a caminar un rato” dijo y tomó por la siguiente salida de la playa, para esperarla arrebatado de deseo. Y ella, Sergio no supo bien cómo hizo para deshacerse de su cónyuge, otra vez, se apareció echándose a sus brazos de un salto, a horcajadas, apretándolo con sus muslos, suaves, fuertes, absorbiéndolo, precipitándolo; nuevamente se dejaron quemar por los calores de las gimientes carnes, por la pasión guardada durante años de recato. María Ofelia, sudando, le dijo que nadie nunca la había amado tanto y tan bien; lo dijo con los dientes apretados sosteniendo entre ellos la hebilla para el pelo, peinándolo de nuevo tirante en cola de caballo y él excitándose con lo turgente de esos labios, con la frescura de esa boca y los senos bien formados, perfectos, tapados otra vez con el traje de baño y el solero largo que toda evangelista debe usar hasta los tobillos. Dora, creyó Sergio,  jamás pensaría en una traición de su parte; y menos así, de esa manera apasionada y violenta.

Dora era la hermana menor del pastor evangelista de la congregación. Así fue como la había conocido. Con los años tuvieron dos bendiciones a los que llamaron Jonathan Nathaniel y Elías Gabriel. Luego, tras cuatro años más, dos nuevas bendiciones, dos hijos de crianza, huérfanos de padre y madre a los que la congregación les pidió que acogieran en el seno de ese tibio hogar al que no faltaba nunca el pan ni la alegría de los que sirven al Señor.

Y por eso se sentía, Sergio, más culpable todavía. Porque no era sólo una traición a una mujer, su mujer en este caso; sino que era la traición a todos los hermanos de toda una congregación que lo había ayudado, alguna vez, a salir adelante.
El vórtice de un abismo irremediable se había vuelto a abrir a sus espaldas y luego de haber consumado la trampa carnal urdida por El Oscuro, no podría volver a salir, arrastrando en su caída a los suyos. El pecado mancha a todos y no tiene vuelta atrás. Sólo el perdón de Dios, lo puede redimir, pero ¿se arrepentía Sergio? Únicamente  acciones concretas expían los pecados de la carne.

Pero ¿qué acciones debía acometer?

Porque sucedió que una tarde, de esas tantas, hacia el final de las vacaciones, que María Ofelia y el marido llegaron a la playa más temprano que de costumbre, diciendo algo de ir a cambiar unos pasajes; les pidieron entonces, por favor, si no cuidaban del abuelo una hora mientras ellos solucionaban esos problemitas. Y claro, les contestaron Dora y Sergio que para eso estaban, si la caridad bien entendida empieza por casa. Y Sergio mismo, que se había quedado realmente con las ganas de más María Ofelia, de sentirle los gemidos, las uñas clavadas en su espalda, fue el que empujó la silla, unos metros, por sobre la arena húmeda, hasta la orilla del mar, diciendo: “Hola abuelito, la paz del Señor esté contigo. ¿Necesita alguna cosa?”
 Y el abuelo que sólo se comunicaba con sus guturales “uhs” y “ohs” y “¿María Ofelia es su hija?” preguntó Sergio más por sostener ese excitante nombre un segundo entre sus labios que por un real interés en la cuestión y el viejo que negó desesperado con la cabeza, “uh, uh” “oh, oh” “ah, está bien, abuelo, no tiene importancia” había dicho  interesado en seguir pensando en ella, lamentando no tener esos minutos diarios de fuego que se habían venido dando hasta el momento sin que Dora ni el marido de ella, al parecer, se dieran cuenta de nada.

Al atardecer ni María Ofelia ni el marido aparecieron por la playa. Dora y Sergio se cruzaron miradas llenas de preguntas sin respuestas; y para complicar las cosas, ya era hora de ir dándoles de comer a los chicos, porque estirando un poco la hora del té y adelantando la de la cena, se ahorraban una comida y todos contentos.
Decidieron llevar al abuelo hasta la casa, “total María Ofelia conoce”, dijo Dora con un tono que a Sergio le pareció extraño por lo que procuró dejar asentada la cuestión con un “sí, claro, una vez vino al baño”
Y esa noche compartieron los panes y las oraciones de la cena con el abuelo paralítico y mudo que Dios les había puesto en el camino. El problema era que había que llevarlo a hacer sus necesidades y que después tenían que higienizarlo, porque no se valía y Dora protestaba: -que esto así no son vacaciones para una si además de todo, tengo que limpiarle el traste a un anciano desconocido- y “ojh, ojh” decía el viejo intentando arañarlos y ponerse fuera de su alcance. Y para colmo María Ofelia y el marido seguían sin aparecer y ellos, incautos, sin siquiera haberse precavido de tomar un teléfono de contacto ni nada.
A la hora de ir a la cama el anciano seguía instalado en la mesa señalando con su garra, alternativamente, el garrafón del agua y los sándwiches de salchichón y queso que habían cenado más un suculento café con leche y pan con picadillo. Todo macerado con leche se metía el viejo con cuchara a la desdentada boca.
-Pero válgame Dios, este anciano está muerto de hambre - dijo Dora viendo como el viejo tragaba, -¿Es que no te da nada de comer esa Maria Ofelia?
El viejo, sin escucharla, seguía agitando sus garras; señalaba la botella de leche y hacía gestos como si quisiera indicar, con índice y anular, un cigarrillo imaginario en los llagados labios. Y Dora que no, que fumar era imposible, nadie fuma en esa casa y mucho menos sabiendo que atentar contra la salud del cuerpo es pecado”.
El problema se agudizó a la noche, porque lejos de callar, el viejo seguía practicando sus “oes” y “ues” con voz cada vez más portentosa, reclamando más comida y más idas al baño y otra vez limpiarlo, esta vez de caca descompuesta, lo que era, de algún modo vomitivo; había dejado el baño impregnado de tanta suciedad por lo explosivo de sus deyecciones que hubo que fregarlo entero. A Sergio le dieron arcadas. El olor en toda la casa era nauseabundo.
Decidieron bañarlo. Esa tarea recayó en Sergio, porque Dora se había sacrificado tanto limpiándole el trasero que no estaba dispuesta a dar más, Dios la perdonara. No bien le quitaron el sueter y una camiseta que alguna vez había sido blanca, con gesto compungido, ambos, se asomaron enmudecidos al horror de observar que el pobre viejo tenía la espalda surcada de lonjazos que habían dejado costrones resecos. Algunos, más nuevos, mostraban la carne viva.
El viejo se puso a chillar, agudo, ensordecedoramente
Y ellos se quedaron mudos, intentando que nada vieran los niños, angelitos de Dios, ajenos a todo. ¿Y si iban a la policía? ¿Y si nos acusan a nosotros, Dora, de hacerle eso al abuelo? ¿Y cómo explicamos?
Decidieron practicarle algunas curaciones de emergencia y asearlo como pudieron. En el medio el maldito viejo del demonio otra vez se volvió a cagar vez hubo que limpiarlo.
Nadie pudo dormir. Nunca dejó de aullar el abuelo y quejándose toda la  noche, hasta el paroxismo. Tuvieron que  gritarle “que te calles, viejo, que te calles, porque nos estás volviendo locos a todos” y “uh” y “oh” la botella de agua, no hay más pan ni leche ni nada, te vaciaste toda la heladera, ahora por favor, dejanos dormir.
Y como no se callaba, una Dora desconocida para Sergio, lo empezó a sacudir de los hombros y a gritarle que se callara, porque culpa de la puta de su hija o de su nieta o lo que mierda fuere, que había venido a arruinarle el matrimonio. “Pero Dora” dijo Sergio y “Callate idiota, ¿Qué te creés, que soy una tarada yo?” y el viejo que seguía chillando en un tono tan agudo, “Qué te creés, no me doy cuenta de nada?” Y Sergio que no sabía qué hacer ni qué decir, sólo atinó a emitir un “los niños, Dora, los niños” pero ella estaba enfurecida, eran las tres de la mañana y el viejo no paraba de gritar, por lo que de tanto sacudirlo terminó por fin haciéndolo caer al suelo. Sergio intentó separarla y ponerla de pie pero ella estaba enloquecida gritando ¡No me toques, no me toques maldito hijo de puta! Y él, que nunca en su vida había oído blasfemar a su amada Dora, la más buena mujer que cualquiera hubiera tenido, la que estaba siempre dispuesta a escuchar a todos, a ayudar a los necesitados, a dar la mitad de lo que tenía a los carecientes.
Y así fue como amanecieron al último día de su vacaciones, algo más frio que los anteriores y presagiando, desde el este, nubes de tormenta. Se turnaron en silenciosas y hoscas guardias junto al viejo de la silla de ruedas que a esta altura ya les tenía un terror ciego, mientras que el otro miembro de la pareja aprovechaba para cuidar los niños y pegar una cabeceada en la playa mientras oteaba el horizonte en busca de una María Ofelia y su marido que por supuesto jamás arribarían.
        
Fue entonces que pensó que todo había acabado, para él.
Habló con Dios;  imploró misericordia. Pidió por la salvación de Dora y de los chicos. Le pidió, ya que nunca le sería dado conocer su gracia, que aceptara su alma como ofrenda, a cambio de salvar la de los suyos.
Cuando terminó de orar, estaba determinado.

La tormenta abatió por fin toda su furia sobre el balneario “Las Gaviotas” de Mar del Tuyú. Las ráfagas arremolinaban la lluvia en torno a una luminaria que se balanceaba, con sonido a campana de hojalata, a punto de caer. Sobre la pasarela de madera, que era el acceso obligado a la playa, Sergio, de espaldas al viento, luchaba por arrastrar la silla hacia adelante.
Al llegar a lo blando de la arena empujarla fue  sobrehumano. Sergio maldecía e insultaba al viento y a la arena que parecía erosionar sus pantorrillas, hasta el hueso. Las ruedas se enterraban y avanzar cada centímetro era una tortura.
–Ya vamos a llegar, abuelo. Un esfuerzo más y ya –repetía inclinado sobre el anciano que parecía negar desesperadamente agitando sus manos. Chillaba, pero su voz era arrancada por el viento, de su boca.
Recién al llegar a la arena húmeda y dura, donde la silla de ruedas podía andar, Sergio dejó de maldecir  y avanzó en dirección a las olas cuyo fragor se escuchaba unos metros adelante, en la ceguera de la oscuridad más absoluta.
–¡Ujh! ¡Ojh! –repetía el abuelo agitando los brazos y señalando a sus espaldas, en dirección a la luz vacilante y al silbido del viento en los cables.
–Llegamos –dijo Sergio ignorándolo. –Llegamos al maldito mar, abuelo.
Se tomó unos instantes para recuperar el aliento. Luego se acuclilló delante de la silla para descalzar al viejo de sus chanclas. Una ráfaga se las arrebató, súbitamente, de las manos.
Chilló con voz más aguda, el viejo.
–Sí, el mar –dijo Sergio a modo de respuesta –el asqueroso, estúpido y mojado mar.
El abuelito se desesperaba mientras Sergio sentía los vahos de su pútrido aliento surgiendo de esa boca permanentemente abierta en forma de “o”, bajo las varias vueltas de una bufanda gris de lana, que alguien le habría tejido alguna vez.
Una ola, un poco más fuerte que las otras, llegó silenciosa y mojó las patas del anciano. El viento desenroscó la bufanda que se puso a flamear como si fuera el pendón deshilachado de un barco, en medio de una tempestad.
Sergio se echó a correr. El viento que soplaba desde sus espaldas parecía querer levantarlo haciendo que sus pies casi no tocaran el suelo. Como si cientos de ángeles lo ayudaran, volviéndolo liviano, a huir del sonido ululante del infierno. En ningún momento volvió la vista atrás.


29 comentarios:

  1. Para qué voy a decir nada, si vengo a decir siempre lo mismo.
    Un abrazo.

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    1. para hacerme sentir en la buena senda mac, yo sè, porque te he visto hacerlo, que en donde meta la pata como decimos aquì, tampoco te vas a quedar callado. Eso es màs que valorable y yo lo aprecio mucho. Gracias chema

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  2. Jesús! Que drama! Pero ¿que pasó con María Ofelia y el marido? ¿Les dejaron al viejo a propósito?

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    1. ah no, no sè andar explicando. El viejo a esta altura debe andar surfeando las profundidades, es lo ùnico que sè. Yo por salvar mi matrimonio soy capaz de hacer cosas peores. je

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  3. hijole

    luego uno se quiere callar y no puede y luego uno quiere decirlo todo y se queda callado

    wuau

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    1. desde que ando en la blogosfera nunca me habian dicho algo tan lindo rep, gracias!!!!

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  4. ¡Pobre viejo!
    ¡Pobre Sergio!


    ¿Ya te dije que escribes muy bien? Te felicito.


    Un abrazo

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    1. gracias malque
      siempre tan buena vos conmigo
      mchs gracias

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  5. Tremenda intensidad la de éste drama.
    Dibuja tantas durezas de la vida y queda uno capturado por una atmósfera Hitchcockiana.
    Y queda apenas principiando algo donde parece finalizar.

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    1. vos sabes que tu lectura es aguda. porque el parrafo del final, lo escribi al principio y estuve mucho tiempo sin saber donde ponerlo. Leiste esa duda, despues de tanto tiempo, con la decision ya tomada. Excelente. Gracias Carlos

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  6. Muy buen texto, me gusta que sea descriptivo. Gracias por tu visita a mi espacio, me preguntabas que con que indígenas, bueno trabaje haciendo mi servicio con raramuris y mi experiencia fue muy grata, sobre todo porque tuve más contacto con los niños que con los adultos y son unos preciosos. Lamentablemente en últimas fechas están sufriendo de hambre y he organizado colectas para llevarlos lo indispensable.

    Saludos

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    1. es increible que todavia estemos pensando en que los originarios no tengan las herramientas para abastecerse. Mchas gracias Jova

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  7. Yo sigo impactada...realmente el demonio está en este escrito :) maestro, maestrísimo!

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    1. Gracias querida, no es para tanto. debe tratarse del cariño que nos es mutuo

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  8. Es excelente el relato! Supongo que sos un escritor profesional. No tienen ninguna importancia que lo seas, o no lo seas, el relato es magnífico. Es que es tan imaginativo, tan profundo tan bien escrito que no puedo menos que creer que alguien que escribe de esa forma es alguien que vive de eso. En cualquier caso, felicitaciones.
    Un gran abrazo

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    1. vivo de otras cosas, estimadisimo. Si dedico muchas horas a la escritura y estoy iniciando, ya de grande, un camino editorial. Muchas gracias por tu comentario.

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  9. Cuando parece que la historia va en una dirección ¡zas! giro sorprendente que nos mete en esa cruda realidad hasta hacernos aborrecer a ese anciano. ¿Se puede pedir algo más?
    Cariñoso abrazo Garriga :)

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    1. gracias maria, por este y por todos los otros comentarios anteriores. ya te andaba extraña ndo, yo. y por lo de aborrecer, habria que preguntarle al viejo si se puede pedir mas, jajaja
      un abrazo,
      tambien cariñosisimo.

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    2. Tal vez Sergio cuando regrese a casa se encuentre a sus hijos preparándole la silla para cuando llegue el momento de tener que llevarlo al mar.

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  10. Muy buena trama, Garriga, me gusta cómo haces valer esos sonidos del viejo, ahí hay arte de escritor, pues esas guturalizaciones (¿se dice así) son polisémicas, van diciendo más cosas que la que podría mencionar la palabra efectivamente pronunciada.
    Me surgen dos preguntas:
    ¿Es parte de un relato más largo o de una novela?
    ¿Cuando Garriguita hace los dibujos, conoce la historia?... y una tercera, y si la conoce, ¿cómo le impactan relatos tan fuertes?
    Perdón, la curiosidad es uno de mis mayores defectos.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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    1. no es defecto la curiosidad aunque a veces mate al gato.
      es parte de un relato que tiene una introduccion mas acentuada sobre a vida "evangelica" de todos sus protagonistas.
      y garriguita (ese nombre lo tenia reservado para una compañis financiera que nunca llegue a poner, je) no lee los cuentos porque es chico todavìa para esa atencion. Guardamos sus dibujos, porque se nos cae la baba en una carpeta y yo elijo el que me parece que va con el texto. Siempre, sin falta, se lo muestro antes y le pregunto si esta bien ponerlo, y hasta ahora me dijo siempre que si. le pone un titulo y ya. A veces escucha los cuentos, siempre sabe mas o menos de que van, porque los comparto con la familia salvo las partes no convenientes para un chico de su edad. es decir las sexuales, que etl viejo muera ahogado no importa nada jjejeje pero ya, un poco y un poco, se trata de compartir lo que hacemos, nos hace crecer juntos, y ser màs felices todavia, si se puede. gracias Dib, por pasarte.

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    2. no es defecto la curiosidad aunque a veces mate al gato.
      es parte de un relato que tiene una introduccion mas acentuada sobre a vida "evangelica" de todos sus protagonistas.
      y garriguita (ese nombre lo tenia reservado para una compañis financiera que nunca llegue a poner, je) no lee los cuentos porque es chico todavìa para esa atencion. Guardamos sus dibujos, porque se nos cae la baba en una carpeta y yo elijo el que me parece que va con el texto. Siempre, sin falta, se lo muestro antes y le pregunto si esta bien ponerlo, y hasta ahora me dijo siempre que si. le pone un titulo y ya. A veces escucha los cuentos, siempre sabe mas o menos de que van, porque los comparto con la familia salvo las partes no convenientes para un chico de su edad. es decir las sexuales, que etl viejo muera ahogado no importa nada jjejeje pero ya, un poco y un poco, se trata de compartir lo que hacemos, nos hace crecer juntos, y ser màs felices todavia, si se puede. gracias Dib, por pasarte.

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    3. Gracias por la respuesta, me gustó eso de compartir, los míos ya están grandes (29, 27 y 19) así que me leen (o no) sin que yo tenga demasiada injerencia.
      Más abrazos.

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  11. Qué atrasadita ando leyendo los blogs. Entre que estoy como si me hubiese pasado un camión por encima y que son las fiestas en mi pueblo, ya ves!
    La historia es la cruda realidad con un fondo cómico, porque tanto cagarse el abuelito e imaginar la escenita jajaja
    El final terrible para el anciano, ayy qué tristeza, amigo!!
    Bicos guapetón.

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  12. Justo acabo de ver una peli del diablo y dios

    http://www.imdb.com/title/tt1879032/

    esta divertida

    suerte y abrazos a la familia

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  13. imagino que a estas alturas, los cuatro se habrán enterado que los problemas no se quedan en ningun sitio sino que tienen la puta costumbre de seguir pegados a nosotros.

    pobre viejo...

    muy bueno, mejor q antes.
    un abrazote
    oiga, lo extraño

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    1. por que el extrañamiento, si somos cotidianos?
      je
      yo tambièn
      usted a veces corre con ventajas

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