miércoles, 11 de septiembre de 2013

Fragmento de la última novela.

2.     El olor del miedo

¿Por qué acordarse de esa fiesta de cumpleaños de su hermana?
–Es decir, por qué, ahora –pensó Lalo.
Estaba en una mesa, con otros cinco, bajo un círculo de humo y luz. Y le llegaba el turno a él. Es decir el arma, le llegaba.
 El sonido de la cumbia ensordecía; hubiera querido que lo bajaran un poco, porque en aquel cumpleaños, el de la hermana, que ahora le venía a la mente con tanta claridad y otra luz, sonaba música también.
            ¿Elvis? ¿Sonaba Elvis en el cumpleaños de su hermana?
            ¿Eran los quince de la hermana?
Las huellas digitales del tipo a su derecha quedaron impresas, grasosas, en el cañón del arma. Tenía las uñas sucias, el tipo de la derecha. Y a medida que Lalo  estiraba la mano para tomarla, porque era su turno –le tocaba segundo– se iba borrando esa huella.
            “Cuestiones probabilísticas”, había dicho El Groso unos días atrás.
            El de su derecha, el que tenía las uñas sucias, usaba una pulserita de lana azul, tejida a mano. ¿Quién le habría tejido a mano una pulserita a un tarado que estaba jugando a la ruleta rusa con las uñas sucias?
            –¿Jugando? ¿Eso era jugar?, se preguntó Lalo mientras sopesaba el Smith&Wesson, calibre 32, largo.
            El Groso había sacado la cuenta, aquella otra noche, en el bar: (cien por cien dividido seis, boludo, había dicho, te da un 16, un 17 por ciento para cada uno).
            Y ahora que el de al lado había disparado y nada, sólo un cliclkido,          ¿adónde iba a parar ese dieciséis por ciento que ahora sobraba?          
            ¿Se había transformado en algo negro, en una sombra tal vez, detrás de sí? Como si el aire, pesado, fuera un frío recorriéndole la espalda
            Y si era cierto eso de que a cada uno le tocaba el dieciséis, como había dicho el Groso, entonces su porcentaje se sumaba al del tipo a su derecha. Un 32 por ciento de volarse la cabeza con el Smith&Wesson, 32, largo.
            –¡Carajo! ¡Qué putas que son las coincidencias! –pensó, ya el arma entre sus manos, tan perfecta, cargada, agazapada y con la que, en sólo un instante más…
            A su izquierda cuatro pares, ocho ojos, seguían con ansiedad callada, los movimientos que hacía con su mano.
            El tipo de la derecha se inclinó hacia un lado, aliviado. Se pasó la mano izquierda sobre el antebrazo derecho, acariciándose, esperando a que todo terminara.
            –Si zafo de esta, –se dijo Lalo– me voy a pasar la mano como hace él. Debe ser como pellizcarme y sentir que estoy vivo.
            Pero le tocaba disparar y había que hacerlo de una buena puta vez.
            Las luces rojas de las cámaras de filmación estaban prendidas, porque el Groso, que era quien regenteaba el lugar, subía las imágenes a internet. Ganaba fortunas con las apuestas.
            De hecho, cada uno de los seis, vestía una pechera blanca con un número en negro, bien visible.
            ¿Cuánto estarían pagando por él? ¿Lo daban por vivo o pagaban más por muerto? No lo sabía, era la primera vez que asistía a ese sótano de la calle Bacacay, en una casa tomada.
            Había bailado el vals, con la hermanita. El marido de su mamá reía y tomaba vino con sus parientes; un tetrabrick abierto por la parte superior, por la que habían agregado Fernet y hielo y soda. Ese hijo de puta pegaba fuerte, con el cinto, en las piernas. Vaya a saber dónde estaría ahora que todo había quedado esparcido en la memoria. Como si hubiese ocurrido una explosión y los recuerdos de su propio pasado, hubieran volado por todas partes, hechos pedazos. Y a Lalo, ido como estaba, le costaba armarlos en cualquier secuencia inteligible.
            –¿Estas son las boludeces –se preguntó– en las que piensa un tipito antes de embocarse un tiro? ¡Qué joder!
            Pero había que hacerlo de una buena puta vez.
Entonces gatilló: se produjo sólo un clickido.
Es decir: se había salvado.
Y Eso había sido todo. O no.
            La mano con que apoyó el arma sobre la tabla de la mesa tembló imperceptiblemente; por lo demás, su rostro mostraba una tranquila indiferencia; se la pasó al de su izquierda. Dieciséis y dieciséis: treinta y dos, pensó. Pan con picadillo, habían comido aquella vez del cumpleaños. Más tarde llegarían los sandwiches, los chips de pavita, la torta, las masitas. Pero antes de que empezara la fiesta, al mediodía, pan con picadillo habían comido; de eso sí se había acordado cuando cerró los ojos en el instante final.
            El arma, por fin, pasó de manos.
            Su huella digital fue la que entonces se fue difuminando a medida que el calor que la había dejado impresa comenzaba a evanescerse.
            ¿Esbozó una sonrisa de alivio?
            

27 comentarios:

  1. No sé si te alcanzará la fama, esa putanga caprichosa, o si te seguirán leyendo cien años después de hoy,pero maldita sea!, lo que sí sé es que escribes de maravilla.
    Cómo se llama o llamará el libro? Ando un poco perdida entre la realidad y lo cibernético,querido amigo.
    Bicos.

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    1. cien años después de hoy
      eso no depende de uno
      y la fama
      depende de las bocas que pronuncian los nombres
      cuantos van goghs habrán desaparecido
      y cuàntos hay que dominan la cosa mediàtica y son nada mañana
      no tiene que importarnos
      y sin embargo qué débiles que somos.
      yo no tengo otra cosa más que decirte que estoy profundamente agradecido ante tu cariño.

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  2. Qué angustioso debe ser eso!! Siempre me viene en estos casos el recuerdo de la película El Cazador, supongo que la recordarás, aquella de Robert de Niro, y de cómo Vietnam transformó a esa cuadrilla de amigos, me encantaba. Muy bien Garriga!

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    1. aqui se llamó el francotirador, creo.
      si, la recuerdo
      en realidad no recuerdo nada de las peliculas o de los libros
      sólo me quedan los sentimientos que me produjeron en el momento
      en el que los lei o las vi.
      gracias zavala

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  3. Joder, me has sobrecogido. Me encanta el clima que creas, los recuerdos, la tensión.
    Estoy con Ohma, escribes increiblemente bien. Ese libro quiero leerlo.
    Besos!

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    1. uf. hasta ahora tengo dos capitulos. Juntos suman como cien paginas. Justamente hoy los mande a una editorial. Vamos a ver. Es muy raro eso ojalá se puedan leer por tus tierras, me encantarìa

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  4. Una joya éste fragmento. Retratas con nitidez la secuencia de vacíos del individuo genérico que cae en éstos derroteros, donde generalmente o se es jóven o muy pendejo.
    Concuerdo que tus letras se encaminan a la inmortalidad. Ésto se lo enfrento a cualquiera. Funciona en todo nivel, narrativa,cine,radio,lo que quieras. BRAVO.

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    1. gracias, carlos.
      escribo "viendo" lo que escribo
      digamos que con ojos de cineasta, tal vez.
      pienso los punttos de vista como camaras
      nos leemos, amigo

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  5. Un final de muerte o de una bala de suerte.



    Beso

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    1. siempre hay un final a todo.
      es indutil buscarlo o eludirlo.
      gracias malque

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  6. ¡Cómo dominas esta narrativa del suspense! Me ha tenido atrapada de principio a fin y al final no me importa si esbozó o no una sonrisa porque el nudo del conflicto ya estaba resuelto, pero que no vuelva a meterse en semejantes apuestas. ¿Te he dicho alguna vez que tu escritura es cinematográfica? Me repito, pero es que yo cuando te leo lo voy viendo como una secuencia hasta el más mínimo detalle. La historia que entrecruzas no es menos truculenta y tal vez nos explique que de aquellas experiencias vienen estos hechos.
    Un encanto leerte, ya lo sabes.

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    1. gracias maria, siempre tan atenta vos
      son capitulos de una novela que estoy escribiendo
      tengo dos escritos y empece el tercero
      andaran por las cien paginas
      estoy contento
      vamos a ver en qué termina.
      me encanta que te guste

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  7. ¡Cómo dominas esta narrativa del suspense! Me ha tenido atrapada de principio a fin y al final no me importa si esbozó o no una sonrisa porque el nudo del conflicto ya estaba resuelto, pero que no vuelva a meterse en semejantes apuestas. ¿Te he dicho alguna vez que tu escritura es cinematográfica? Me repito, pero es que yo cuando te leo lo voy viendo como una secuencia hasta el más mínimo detalle. La historia que entrecruzas no es menos truculenta y tal vez nos explique que de aquellas experiencias vienen estos hechos.
    Un encanto leerte, ya lo sabes.

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  8. Leí tu ofrenda de abajo, pero ese día me dolía horrores el dedo...meencantó, hoy ya puedo decirte lo mismo de versión porteña de esta terrible, horripilante escena de CAZADOR ¿la recuerdas? una de las más increíbles pelis que se han hecho sobre Vietnam... solo que la tuya aun es aun mejor con esta historia psicológica de la infancia del prota que discurre paralela a la acción en tiempo real... ¡¡qué cosas más dificilísimas eres capaz de hacer GARRIGA!! nada menos que un flash-back en medio de una escena de extrema tensión en la que encima sumas perfiles psicológicos de otros personajes ( el malvado padrastro )...siempre he pensado que salvo coacción irresistible o terrible desesperación nadie en su sano juicio puede participar en un juego así, perooo...muchísimo más terrible, muchísimo más dantesco y mezquino son los apostadores, los abusadores de estos pobres hombres a los que la vida les ha sentado ahí, con el cañón apuntándose a la sien... no se me ocurre nada más vomitivo, nadie puede caer más bajo :(((


    Genial, mi querido escritor..¡¡ genia l! mi dedo con pupa y todo te aplaude:))

    Muaaaaaaaaaakss!!


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  9. Andá, veo que Zavala también ha recordado el cazador... lo comprendo, es imposible olvidar algo así... tuve pesadillas con esa escena durante muchísimo tiempo... con lo tuyo no... seguro:))

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    1. si, lo estuve viendo del video que me pegaste. No puedo evitar comentar que estos yankis siempre se la dan de piolas y el pobre vietnamita, no se dio cuenta de que teniendo tres balas iba a perder èl. Mamita. que falta de respeto al espectador.

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  10. Garriga, no sé qué decirte, ya te han hecho famoso, ya te han encaminado hacia la inmortalidad, lo mío va a quedar tan pobre: a mí el trecho me gustó, querría leer más.
    Un fuerte abrazo.
    HD

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    1. La inmortalidad debe ser tremenda,
      vivir la eternidad conmigo mismo
      es que nunca podrè dejar de ver a este que soy yo?
      prefiero la inmoralidad
      je
      gracias dib
      a estas alturas cada comentario tuyo
      es el abrazo de un amigo,

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  11. El otro libro de los "cien años" es mi favorito. Éste no pinta nada, pero que nada mal. El aperitivo invita a seguir leyendo. Espero tenerlo algún día entre mis manos. Al fin y al cabo lo que más cuesta es el primero y ése ya lo tienes publicado. Mucha suerte o, lo que es lo mismo, la suerte que tus escritos merecen.
    Un abrazo.

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    1. Si, lo tendràs. Mandarè aunque sea algunos por correo.

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  12. Pues yo me sumo a lo que dicen todos los demás. Como siempre, una narración exquisita. En fondo y en forma. Un abrazo!

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    1. gracias.
      En estos dias mande el original de "continuidad de la obra" que es el titulo de un probable proximo libro. ¿TE acordas de ese cuento? La protagonista se llamaba francesca.

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  13. Pues pinta bien este fragmento que publicas hoy.
    Gracias por compartir y suerte con ello.
    Un beso grande.
    Soy Enya Crip.
    Es que, no se por que pero no puedo comentarte hoy con mi perfil, no me deja el portátil en tu blog

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    1. muchas gracias enya. irè publicando otros. Es raro fragmentar porque el texto se resignifica al estar cortado.
      Mas que perfil, apareces de frente

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  14. Anda, pues si se ha publicado con mi perfil..genial!!

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