domingo, 2 de febrero de 2014

Ana 29

29–
Las tetas pueden ponerse turgentes y la piel guardar en su memoria los estiramientos que alguna vez ya ocurrieron (dos, en el caso de Ana). El endometrio puede ser una situación aterciopelada como de algas en el mar de los sargazos. La vida puede llegar a mecerse al flujo de las olas. El agua entonces es la atmósfera, turbia por lo fértil del plancton. La luz, si la hay, debe ser roja o azul profundo y el corazón un beat latente. La célula huevo o cigoto, al caer, es retenida por la adherencia de cada uno de los filodios de esas algas que bailan. Siempre todo es líquido. Allí crecerán las primeras células subdividiéndose a una tasa constante. Comenzarán las diferenciaciones de los tejidos, las especializaciones. A las cuatro semanas empezará a latir por sí, el feto, la larva, quien solo se interesará en la ingesta y en crecer, quintuplicarse y desarrollar mandíbulas para poder comer. Creerá tal vez que el mundo es rojo o azul entonces y que el más allá son voces y ruidos de sartenes o timbres de teléfonos que se escuchan apagados. Percibirá movimientos y estados de ánimo con una claridad difusa, a veces. El universo creerá empatías cuando la que es madre se sumerja y flote mientras él, adentro, lo haga en su cuna de sargazos. Se dormirá con esa voz que entonces canta mientras se entibia la leche en sus pezones rozagantes. La piel se estirará cada vez más, como cuando se estira el parche sobado de un tambor.
Tal vez ese niño no deba permanecer ahí (o a lo mejor sea una niña, aunque Ana no cree que pueda ser niña pero no todo es lo que Ana crea o deje de creer). De algún modo hay una sensación de que será necesario acabar con eso: porque interrumpir, quiere decir pausar, suspender y al final siempre se trata de otras intenciones que la realidad tan tangente.
No ceder entonces al vértigo de dejarse abandonar a la indolencia y quedarse pensando en que la vida va a entrar en la placidez de unos paréntesis. La mente razona (reconstruye la casuística de los hechos): probablemente se trató de una rajadura del látex después de haber tenido, aquella noche, sexo anal, violento y enviagrado con el tipo del gimnasio para después volver a hacerlo de la manera tradicional, aunque ella arriba, a los saltos, hasta explotar sin haber tenido, (tan encendida, se lamenta, estaba) la precaución de cambiarle el profiláctico como siempre que cambian de posición.
No debe dejarse estar. Deberá llamarlo, al tipo del gimnasio. Decirle lo que debe decirse en estos casos. Contarle. Pero qué va a contarle. No cree que la vaya a escuchar y tampoco sabe mucho qué decir porque en realidad habla muy poco con el tipo. Cosas triviales de todos los días. Ella a lo mejor una tarde, porque sí, le cuenta que Marco está resfriado y correctamente, a la vez siguiente que se encuentran, (generalmente es algo que ocurre una vez a la semana, los sábados, cuando los chicos están con el ex y el tipo le miente a la mujer que lo hace en el gimnasio), le pregunta por el resfrío de Marco, para mostrarse atento y galante. Pero eso es todo: un gesto. De él, de las cosas de él, no hablan. Es un modo de salvaguardarse, tal vez, del tipo o simplemente porque ocurre así. Ana se deja llevar en ese sentido. A los hombres no les interesa hablar mucho de sus cosas y menos en las circunstancias con fines específicos en las que Ana y el tipo del gimnasio se concentran.
Mientras tanto la larva crecerá en el útero y la empezará a comer, ya la siente. No deberá callar. De todos modos hay unas pastillas (Oxaprost). Ella sabe, las conoce. Pero es una vida. Se trata de una vida. Quitarla del mundo la dejará sucia. Será un mal karma pesando en su karma. Quién es ella para cobrársela, con qué derecho si esa célula huevo o cigoto se depositó allí después de que furibundos espermas haploides nadaran por el canal de parto, a oscuras, hasta llegar al hueco caliente y rojo o azul profundo donde el folículo, haploide también, llegó para, luego de ser fecundado, adherirse a la pared suave de las algas que se mecen en la danza tribal.
Es con la menstruación que todo eso cae.
Para los torpes sentidos que sólo ven lo grueso, lo evidente, se trata sólo de sangre y olores fuertes. Pocos adivinan la raja que conecta el magma con lo celestial.
Pocos ven. Hay pastillas, sí; precursores químicos que pueden provocar esa caída, aunque Ana tiene miedo de pagar un precio monstruoso, al final.

Mejor esperar. Que el tiempo corra y los tambores suenen y las células se dividan diferenciándose en tejidos, cardíacos y nervios raquídeos. La luz es roja. El tipo del gimnasio que toma Viagra y se depila el pecho seguirá como si nada a pesar de llevar a Ana guardada en la memoria de su teléfono como Víctor Mecánico. ¿Por qué los hombres son tan obvios? Mensaje de Víctor Mecánico. Necesito hablar con vos. Qué mecánico puede escribir así: necesito hablar con vos. La mujer del tipo del gimnasio puede enterarse. Todos iguales los hombres, cortados por la misma tijera, todos larvas a expensas de los tejidos de las madres. Hombres, sólo núcleos: la magnitud del citoplasma (comparativamente) es tan inmensa como la configuración estelar de un universo. En cada célula el proceso reflejo puede repetirse. Víctor Mecánico, mensaje entrante, necesito hablar con vos. Las mujeres perciben a otras mujeres como los tiburones el sutil impulso eléctrico del nadar de los peces. ¿De qué puede necesitar hablar con vos ese Víctor Mecánico? Mujeres furiosas a mansalva, o no. Depende. En todo eso piensa Ana. Sentada en el inodoro, el test de embarazo entre los dedos con las uñas pintadas de un azul metalizado, como el color de la pintura de algunos autos. Autos que debería arreglar Víctor Mecánico; hay pastillas que lo precipitan todo. Esa es la cuestión. Hay niños que no tienen nombre. Otros que sí y están tocándose el día entero, suicidando esperma en el inodoro o en el bidet. Y otros, milimétricos, en el baile inocente del mar de los sargazos. Es estúpido. Necesitar hablar pero callar. Y el tam tam de los tambores. ¿Sargazo es un lindo nombre de varón? Entonces orina, Ana. Mea el receptáculo del test. Y pone el reactivo tal como indican las instrucciones de la caja que ella ya conoce, porque no es la primera vez. Y espera. Una raya o dos rayas. Las olas vienen y van. El mar ahora es un pequeño océano amarillo, de pis. Es el suspenso. Una raya, dos rayas. ¿En qué estás pensando, idiota? ¿Qué clase de fantasía es esta? Entonces escribir en el teléfono ¿nos vemos hoy? Sabe que al otro lado se leerá: “mensaje entrante de Víctor Mecánico” ¿Habrá mujer que lea esas líneas? No quisiera estar, porque ya estuvo, en esos zapatos. En todo caso: ¿a quién le importa? Lo único importante es que le escribe que quiere estar con él, es una súplica o una orden. El tipo del gimnasio no podrá negarse porque el Viagra, porque el sexo fuerte, porque es lindo. Ella se vestirá sexy y así todas las veces.

23 comentarios:

  1. Pobre Ana... Y el "pobre" no es sinónimo de "lástima". Una criatura tan dañada... Sin embargo no soy quien para juzgar a nadie, sería una torpeza de mi parte...
    Te fluye la historia, Fernando. Y esta muy bien. Y pensar que "Ana" creyó en un principio que no iba a tener aceptación... Saludos y beso para Jordi.

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    1. La q me dijo que no iba a ser tan popular es la poeta Monica Sifrim que tiene un ojo increíble para saber por donde anda un texto. Es una genia en eso. Fijate si no mas abajo el comentario de MP Moreno que habla justamente de eso. Lo que pasa que a veces necesito meterme en temas mas oscuros. El precio de unos paga los otros, dos caras de una moneda, el ying y el yang o lo que quieras.
      El punto es que estoy inmensamente agradecido.

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    2. Sabés una cosa, Fernando? El tema de la aceptación es un tema que hablamos mucho con un amigo escritor. Yo sé que es reconfortante saber que una historia tiene "pegada" en los lectores, pero personalmente y (como bien decís) muchas veces "necesitamos" salir de esa zona de confort y navegar otras aguas. Y lo mejor es que también esas historias tienen sus receptores. A mí, estos textos me gustan mucho. Bueh, me deliré un poco... Abrazo!

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    3. no te deliraste.
      uno escribe lo que puede, lo que le sale. Ese es el punto. Si no no es auténtico. y ya.

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  2. Yo también he echado en falta a Jordi, pero muy joven para meterlo en estos dibujos.
    Un abrazo, Fernando.

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    1. Ah, lo metería no lee lo que escribo. Cuando le di a leer los comentarios de los que le mandan saludos dijo, me voy a poner a dibujar.... je
      gracias chema

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  3. Me encanta esta concepción misteriosa y colorida de los huevos y las larvas, es tan linda. ¿Sigue la historia? Espero que sí. Nada original lo que le sucede a Ana, o al señor éste del gimnasio, pero ahí está la cosa: vos lo contás de una forma que no podés dejar de leer. Abrazo!

    Emilie

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    1. Es, como siempre, un fragmento de una novela. El capitulo 29, justamente. Me gusta que te guste. Muchas gracias, querida

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  4. Qué bien has pintado ese mar de los Sargazos con sus algas aterciopeladas y la vida meciéndose al flujo de las olas. Esa vida y su destino es la clave del relato. Ese "mejor esperar" ¿es la decisión de Ana? o más bien que deja que la vida siga su curso y ya se verá.
    Cómo has cambiado en temática, estilo,... en tu manera de escribir actual todo es tan diferente.
    Siempre recordaré los primeros relatos que te leí en "Un mundo hecho de dogos y lauras" donde fluían las emociones y los sentimientos junto con el riquísimo olor de aquel guiso, la vecina cotilla y la bella Laura. Llegué a hacerme amiga de Laura.

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    1. Tu lectura atenta me conmueve. Tu memoria me emociona. No tengo palabras mas allá de agradecerte.

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  5. El mar de dudas que desgrana Ana conforman esta parte. Y es que un embarazo no buscado, lo imagino así como lo has descrito, ¿lo tengo o no lo tengo?. Al final parece que se ha decidido por dejar de pensar en ello y simplemente dejarse llevar por el lado amable de una relación que se intuye al final conflictiva.
    La responsabilidad decisiva en estas situaciones está claro que recae casi toda en la mujer.
    Excelente narración como siempre.
    Bicos.

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    1. Es la mujer, obviamente. Vaya uno a saber si está embarazada, o no. Es un texto en el que la trama no importa demasiado. Los que viven mueren, los que están no están, los muertos aparecen vivos y lo que paso al capitulo siguiente dejo de pasar. Espero me salga sin que nadie se quede dormido en el intento de leer. Un bico enorme, galega, gracias.

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    2. Osea que lo que parece no es, jaja
      Garriga, me he presentado a un concurso de blogs, a ver si me puedes echar una mano, hombre! En mi blog explico de que va la cosa.
      Oye, me encanta que me llames galega, jajaja
      Bicos.

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  6. Es taaan microscópico, tan poético, tan sanguíneo, tan de latidos marinos, tan irresistible y asquerosamente precioso que...

    Mmmuaaakss!!

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    1. .Ey!! qué brevedad tan bella y querible la de este comentario. Muchas gracias

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  7. Garriga no se registró tu voto (como el de muchos que me votaron pero lo hicieron mal).
    Hay que registrarse, pulsar una estrella donde dice "vota" y pulsar "vota". Te dice que has votado, y se ve al momento tu voto registrado.
    Pues parece simple de hacer, pero...
    El premio (único) es de 5000 euros. Si lo ganaras ya te pagaban el viaje a España, no?
    De todas formas te diré que lo importante para mí es el gesto,por tanto, mil gracias.
    Bicos.

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  8. Madre! Es casi como bucear por dentro del cuerpo de Ana, como haber estado visualizando cómo se gestó esa "larva" que tan bien describes.

    Qué puedo decir? Con textos como éstos el resto nos quedamos con la mandíbula bien abierta y desencajada.

    Todo un honor leerte, en serio.

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. Y bueno che ... jejeje, de una lectura rápida, te digo que está bien enterado en el tema de la concepción el escritor, cual debe ser, como todo el que escribe seriamente. Su creación, Ana y sus cuitas, enmarcadas hoy por el deseo y el erotismo, siempre afinados y presentes que envuelven el misterio del embarazo, ejercicio de creación con el que se han poblado los micro universos de nuestros pueblos y naciones.
    Interesante, desde la mirada masculina del narrador omnisciente que define los avatares de esta mujer, siempre insegura, acomplejada, con un pobre rol de cierto nivel social e ignorante, leit motiv para desencadenar metáforas del marco de referencia que es su vida.
    No es un análisis semiótico por supuesto, jejeje es una ligera opinión de un texto interesante. Un abrazo primo.

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    1. Primero: muchas gracias. Por tu lectura, y por tu tiempo. En serio.
      Segundo: tanto se nota el narrador masculino??? intentaba deslizar sutilmente que fuera femenino. O es sólo un preconcepto porque sabés que soy escritor y no escritora?

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