martes, 18 de marzo de 2014

Ana 48


 48–
Ella se viste porque va a salir. Jura que hoy va a abrir la puerta y va a salir; es decir, jura que se ve en la calle, ocupando el aire de la mañana con el cuerpo. Que se ve apartando, por esas cosas de la física, el mismo volumen de sí misma, pero de aire.  Lo jura. Lo va a hacer. Va a tomar la combi. Va a poder, a pesar del viento que llega encajonado entre la doble hilera de álamos y de casuarinas que bordea la ruta que a la vez bordea el aeropuerto. Su cuerpo ocupará el espacio sobre el vano, interponiendo a la luz la sombra de su silueta. Primero pondrá un pie afuera, después el otro, abrirá la verja pintada de negro con dos vueltas de llave y ganará la vereda.
Es que el padre vino hoy, temprano, con una carta; sí, recién, a la mañana. Claro, el padre. No. No el que está acostado boca arriba todavía, con las manos sobre el pecho, bajo tierra. Bien podría acusarla a ella, ahora. Levantarse, venir y señalarla, decirle hija de puta, qué me hiciste. Pero no. Solo vino esa mañana, tras dar dos golpecitos de siempre, discretos y respetuosos entró con el sobre que había tomado del buzón.
–Hola, Ana –dijo, para después anunciar: – ¡correo! –impostando la voz como lo haría un cartero.
–Hola, papá; buen día –había respondido ella con la vista fija en el sobre que la mano llevaba entre índice y pulgar. Luego, con un breve quiebre de muñeca, lo había hecho girar una, dos, tres veces en el aire hasta hacerlo dar con el sector de la mesada más próximo a la puerta, salteando la heladera. El sobre giró en el aire, era liviano porque en el trayecto tendió a dar una vuelta sobre sí mismo, es decir, lo de abajo arriba, pero no; siguió con su parábola hasta aterrizar por fin sobre el mármol y, favorecido por lo pulido de la superficie perfectamente limpia, fue a golpear contra la cafetera Volturno de acero inoxidable.
La mano desapareció enseguida tras la puerta, por supuesto.
Qué otra carta va a ser más que la notificación del abogado (sus manos la abren temblorosas, rasgando el papel, por supuesto) citándola a presentarse para la mediación en unas oficinas del microcentro, cuando lo que ella hubiera querido que mejor fuera en su casa. Porque no tiene problemas en lidiar con doscientos mil abogaduchos. Su problema es, bueno, la puerta, como se dice.
La fecha es para hoy mismo.
Y por supuesto que va a ir, carajo.
Se viste antiguo, de infartante traje sastre, pollera apretadita y tacos; con camisa blanca y los labios bien pintados además de las tetas tan arriba con esos push up negros. Claro que no va a poder ni querer manejar, nerviosa como está y con lo difícil y caro que es estacionar en microcentro. La combi que va por la autopista es la solución más atinada, cree. Sólo que la puerta. La puerta de calle, sí. Jura que va a  poder abrir su raja de par en par. Jura que va, su mano, a presionar el picaporte después de dos vueltas de la trabex y que va a ganar la calle y que sus taquitos la van a llevar hasta la parada de la combi que dice “Obelisco” con letras azules, en el parabrisas. Y que se va a sentar, la espalda derecha, la cartera apoyada sobre los muslos, las dos manos por arriba, con las palmas para abajo. Y que va a mirar el paisaje. Si lo ha hecho tantas veces, lo recuerda. El canal aliviador del río Matanza, la salida de Camino de Cintura en Puente Doce, con los caballos perdidos entre montañas de escombros y alguna vaca y gente, andando. La YPF, el Mercado Central, la estación del peaje con los monoblocks por detrás.
Pero hay un pequeño detalle a pesar de que  se dice que claro que puedo.
Que no. Que no puede.
Abrir la puerta para ir a tirar la basura, sí. Salir a hacer algún mandado al pequeño centro comercial del barrio, sí. Pero irse largo. Bueno, tal vez algún otro día. Sí, claro. Que la mano baje el picaporte, sí, claro. Entonces se sienta en el sofá frente a la puerta que está abierta y espera mientras mira para afuera, las dos manos con las uñas pintadas de un rojo clásico con las palmas hacia abajo apoyadas sobre la cartera que a su vez está apoyada sobre los muslos. Al rato se descalza y arroja con el pie los zapatos que vuelan por el aire hasta dar a cualquier parte. Al rato, o al otro rato como dicen las personas mayores, le dan ganas de un café y va por él, en medias, de traje sastre. Así la encuentra el padre. ¿Adónde vas?, le pregunta creyendo que sale. Tenía cita con el abogado, dice ella, pero se me hizo tarde. ¿Querés café? Por el tema del corazón padre e hija saben que no debe beber cafeína pero cómo negarse ante el aroma tan rico que inunda la cocina y flota por el aire gracias a la volatilidad física de los olores y llena el comedor y sale por la puerta, que está abierta e inunda el barrio y se eleva y describe turbulencias ante el paso de un avión. Flota libre, sí, como pueden hacerlo los aromas, de un lado a otro, atravesando incluso la memoria.

28 comentarios:

  1. Los miedos son unas barreras infranqueables a veces, y cuanto más se piensan más grandes son, nos van arrinconando si nos dejamos, si no los afrontamos, en una celda cada vez más estrecha repleta de excusas y pretextos en la que ya casi ni cabemos nosotros mismos. Distorsionan lo real y nos sumergen en su realidad.
    Un abrazo Garriga, estupenda entrega.

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    1. Todo es la mente a veces. La realidad es también la mente. La cordura es una sintonía global de más o menos algunas "locuras" aceptadas.
      Los límites son imprecisos.
      Estamos dentro, estamos fuera.
      Gracias Zavala

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  2. Leyendo este relato he vista el hermano gemelo de Ana: Gregor Samsa. ¿Terminará Ana como él?
    Seguiremos leyendo. Hoy la historia se pone interesante.

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    1. no lo había pensado. Iré ya mismo a releer. Gracias María

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  3. Con imágenes no lo habría visto ni la mitad de bien que con tu descripción. ¡Genial!
    Un abrazo, Fernando.

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    1. Gracias chema. Cómo perdura lo nuestro eh?

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  4. Madre mía... pero que bien escribes. Pura sensación del momento.
    Besos

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    1. Gracias sylvia, pero no metas a tu madre en esto, que es entre vos y yo. je. En serio. Gracias.

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  5. No estoy 100% seguro, pero creo que sos el único escritor bloguero que ofrece capítulos de un texto extenso y que la gente lo sigue con interés. Muchos lo han intentado y fracasaron, yo ni lo intenté, estoy en peores condiciones que ellos.
    Bueno, por eso yo no juro tanto, como Ana, quiero decir, por sé que no puedo cumplir.
    Un abrazo.
    HD

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    1. Es raro. El tamaño a veces es limitante. Pocos Haikus son buenos. No creo que una persona pueda sentarse y decir voy a escribir corto para el blog. Eso es periodismo. Se puede, pero no es escritura libre. Claro que uno puede adaptarse, como todo.
      Gracias Humberto, un placer.

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  6. Me imaginé cada parte del relato. Muy genial!!!

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    1. Eso me gusta, que hagas uso de tu imaginación. De haberla disparado. Gracias.

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  7. Has conseguido que me meta tanto en el papel de Ana que ahora me da miedo salir a la calle.
    Muy bueno.
    ¡Un abrazo!

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    1. Un abrazo para vos Jon, tanto tiempo. Y bueno, no salgas a la calle, andá por la verdeda. Je. Gracias

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  8. ¿Agorofobia se dice? Algún día también ella será aroma y podrá ser libre. Me encantó!

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    1. aroma terapia. Son mínusculas partículas que vuelan, libres. ¿como puede recordaarse un olor con tanta precisión eh? vuelvo a decirlo, todo es mente.

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  9. Cuánto se hace de intención pero qué poco en hechos! Sí, si, voy a ir, uff no mejor voy mañana. Mañana seguro eh!
    jeje
    Eres un detallista de carajo. Trocito a trocito nos vas desmenuzando el mundo de Ana.
    Gracias.
    Bicos.

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    1. No ohma, gracias a vos. En serio. Es un placer.

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  10. Pues otro buen texto, la verdad, siga en ello..

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    1. gracias jordim, espero nos sigamos viendo, me gusta lo que escribís.

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  11. jaja será posible contigo ¡escritoucho! cría cuervos y te sacarán los ojos...ja! ;)

    Un beso agorofóbico ... si me dejas volver después de esto jaja

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    1. vos no vas a poder volver, porque nunca te fuiste. siempre estás, Gracias, Maria

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    2. Oh! ahora me ocurrirá como a Ana, no voy ser capaz de salir de aquí, gracias a ti.
      Fui mala al dejarte esa tontería, menos mal que tú eres güero con las letras y de corazón:))

      Que tu otoño te llene de hojas rojas y nuestra primavera de flores...flores que te salgan por los ojos, la boca, los oídos y... las sigas escribiendo aquí en letras Mmuaaaaks!

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  12. Y yo que pensaba que esta vez sí que podría... A esta chica le hace falta una inyección de "huevos"?

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    1. Son personalidades que a mi me sorprenden. Pero después logran siempre lo que quieren. Saben esperar, son las de cuidarse. Gracias, Ana. ¿Còmo y de qué va la novela?

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    2. La novela es una biografía sobre mi padre, un niño de la guerra que pasó 30 años en Rusia, 9 de ellos en un gulag (por querer volver a España en la época de Stalin...).

      Ahí va, ahí va...yo avisaré, lo prometo.

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  13. Alcanza grandes momentos de lo etéreo, lo poético y lo emocional.
    Me gusto la combinación de espacios tiempo y dimensiones que se atraviesan.
    Ella es sensacional.

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  14. Hoy soy Ana, pero sí !!! al fin traspasé el umbral del marco y puse un pie afuera, mismo que regrese adentro casi de inmediato... me olio a café y me quedé.
    Un placer seguir las cuitas de tu gran personaje Ana.
    Un abrazo para ti y otro para Garriguita.

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