sábado, 29 de marzo de 2014

Ana 56 (último)

Es probable que las que primero hablen, sean las vecinas y después las hijas de las vecinas y después las nietas de las vecinas porque el tiempo pasará “volando” como dicen las viejas. La que estará en boca de todas será Ana, entonces: la loca de la casa  del final de la cuadra. Esa casa que está allí, derruida por los años, dicen. Dirán que ha asesinado a todos sus parientes, en una venganza perfecta, sin marcas, porque después de asfixiar a su marido limpió todos los rastros que, sobre los labios del occiso hubieran podido quedar de ella, con una tela suave de algodón embebida en alcohol fino. Dicen que la policía sospechó, pero que ella pudo, mediante embrujos salidos de sus labios, y de su furor ninfómano, hacer caer en las redes de su cama al fiscal de la causa, un muchacho joven que, dicen siempre las vecinas, destruyó en ese acto su propia y respetable vida familiar. Dicen que a cada tanto ven su auto estacionarse en el garaje, detrás de los mismos coches oxidados que algún día pertenecieron a ella y a su padre y que hoy todavía permanecen ahí, hechos un montón de chatarra que puede adivinarse tras el muro vegetal descontrolado de un jardín que nadie cuida y que se ha vuelto una selva oscura, plagada de bichos, de presagios, de murciélagos.

Las probabilidades indican que los muchachitos del barrio, adolescentes con sus capacidades reproductivas ya desarrolladas, que andan en skateboard, rondan la casa atraídos por sus propios efluvios sexuales que nacen de tantas habladurías que se tejen, como tejen sus redes las arañas; hilos de una misma seda saliendo como babas de muchas de las bocas de las viejas que hablan. Y algunos, más valientes que los otros, se animarían a saltar la verja. Dicen. Y que ella, la loca de la casa abandonada tapada de plantas, llena de telarañas, los atrapa desde atrás, encegueciéndolos con una tela suave, de algodón, atada sobre sus ojos. Y que les hace cosas, haciéndolos llegar a un éxtasis que jamás en sus vidas volverán  a sentir y que es por eso que intentarán volver una y otra vez, hasta encontrar la muerte. Porque no bien algún muchacho salta la verja y atraviesa el yuyal que rodea la casa, se ve sorprendido por la oscuridad reinante. Hay plantas en la sala y las ramas los enredan y los atrapan. Dicen que la loca aprovecha y lo somete a juegos sexuales infinitos y delicados. Y por último, en el paroxismo del orgasmo, lo asfixia con manos que tienen uñas larguísimas y curvadas hacia abajo, como las de toda bruja. Dicen. Dicen que se embaraza una y otra vez de sus víctimas y que aborta, arrojando los fetos a la piscina de aguas pútridas, en las que algunas noches, tal vez de luna llena, el agua brilla y fosforesce y se puede ver el fondo, a la profundidad increíble del mismo magma. Dicen que en esa agua todo se deshace porque es ácida y que es por eso que ella logra que los cadáveres nunca aparezcan. Dicen que los que ven ese fondo enloquecen y se suicidan. Dicen que su propio hijo terminó haciéndolo. Que se ahorcó en la casa del abuelo. Dicen que la casa abandonada, va a ser expropiada por el municipio pero que nadie se atreve a avanzar en el terreno. Dicen que el dinero deberán enviárselo a una hija que vive en el extranjero. Otros dicen que la loca no es la madre, que es la hija. Nadie sabe.

29 comentarios:

  1. Definitivamente Ana era la araña. Tejiste muy bien, Garriga. Un abrazo de domingo lluvioso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. las cosas se tejen solas, a veces. Gracias, Francesca.

      Eliminar
  2. Dicen que eres un escritor como la copa de un pino. Otros dicen que el que escribe no eres tú, sino Garriguita. Que tú haces los dibujos.
    Por cierto, dile a tu hijo que no puede dejar tirados así como así a sus seguidores.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mi hijo se puso muy orgulloso con tu comentario. ¿En serio hay gente que me sigue? preguntó. Ya va a volver. Está muy ocupado jugando al basket ahora. Gracias Chema, sos un tipo muy sensible vos. Gracias por compartirlo conmigo.

      Eliminar
  3. Al final la muerte interrogante y loca deja a todos con una sensación de abandono igual que en esa casa vieja.

    Muy bueno pero para que te lo digo si ya lo sabes.

    Cuidate Garriga.

    ResponderEliminar
  4. Y la araña terminó devorándolo todo hasta a ella misma. Y se perdió en medio de ese infierno de hojas, chatarra y oscuridad. Y dicen que los laberintos de la mente tienen ese no sé qué... Y merde, Fernando! Lo vuelvo a leer e insisto: como te dije desde que empezaste a publicar la historia de Ana: no hay nada mejor que bucear en otras aguas, a veces nos mancamos pero otras (como en este caso) suelen resultar experiencias más que gratas. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno. Mucchas grcias Bee. Me hacés sentir bien y acompañado.

      Eliminar
  5. Estoy de acuerdo con que Ana era la araña. Por cierto, buen texto y buenísimas descripciones. Un abrazo, caballero.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias señor esquizoide o deberé decir señores. Yo no sé si estoy de acuerdo, o en todo caso, el texto es el que plantea la duda. No lo define. Puede ser y puede no ser al mismo tiempo. Porque no hay tiempo. Esa es la linea que se rompe. Un abrazo y muchas gracias

      Eliminar
  6. A raña o no
    N o lo sabremos de cierto
    A unque , me recuerda algo la descripción de la casa, ella y sus hábitos, no sé si es la misma vecina que tiene una piscina pútrida que de noche fosforece... quizá Ana sea la vecina universal que encontremos en cada barrio y nunca muere. Beso primo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué detalle, prima. Como lo decía en el anterior comentario, no. No lo sabemos. Esa es la gracia del texto y sí, esas casas están tan en todas partes que terminan dentro nuestro. Muchas gracias.

      Eliminar
  7. Es probable que nosotros leyéndote seamos un poco esas vecinas que dicen y dicen sin saber lo que dicen... quizá un poco también ese adolescente curioso del monopatín que salta la verja de tus letras a ver que encuentra entre la maleza atraído por los efluvios que esconde el caserón de tu historia y también incluso sin querer o saber todos somos arañitas tejedoras, arañas peludas, arañas tan asesinas como entrañables e inofensivas, tan lascivos como inocentes, tan Ana como la araña o tan locos como cuerdos por saber que eres un maestros del claro oscuros superficial profundo de la oscuridad clara... lo siento, no sé muy bien si es entendible lo que digo, pero es lo que me ha sugerido esta maravilla tuya... tú sabrás. Sabes muchísimo.

    Un beso grande GARRIGA, mereces que encuadernen tus letras y alguien de peso les de el valor que tienen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias María. Yo no creo saber demasiadas cosas. Pero si sé que me hace mucho bien tu lectura.

      Eliminar
  8. y como muy buena araña se comió hasta ella misma.
    saludos
    carlos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. dicho así, parece inevtable. Muchas gracias.

      Eliminar
  9. Esto ha dado un giro inesperado.
    El caso es que la araña, y no Ana, mató al marido. Y con el disgusto tuvo un aborto y perdíó al niño. Luego vino la locura. El desmadre de Ana. El querer morirse. El abandono de su vida y de la casa.Y la gente que tiene más imaginación que el mejor autor de novelas empezó con el "dicen".
    Mientras , la araña ya murió hace décadas. Ahora sus descendientes son las dueñas de la casa. Lograron lo que no hizo su tatarabuela.
    :)
    Bicos mil.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias ohmita, me hacés ruborizar vos. Bicos dos mil

      Eliminar
  10. No es sólo lo impredecible del argumento, es el detalle. Creo que ya lo mencioné la semana pasada. Qué bueno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí lo mencionaste. Muchas Gracias S, es todo un detalle tu mención, también.

      Eliminar
  11. Tal vez la telaraña que emitió, no prendió en el sitio que ella creía seguro y terminó envolviéndola. Lo demás son dimes y diretes, chismorreos que tanto gustan a los que del árbol caído hacen leña.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me has llevado a leer una vez más "Una araña paciente y silenciosa" de Walt Whitman.

      Eliminar
    2. fui a leerlo yo también. No lo conocía. Está genial. Y gracias por tu lectura, qué voy a decirte, ya nos extrañaños vos y yo, si no aparecemos.

      Eliminar
  12. Dios! Qué tétrico y qué bien narrado! Se me han puesto los pelos como escarpias! (no sé dónde ha ido mi comentario anterior). Y con esto llega el fin de "Ana"?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ana es una novela de unas 35.000 palabras. Una humilde novelita. En realidad termina de otro modo, pero así en el blog donde publico fragmentos. Tal vez escriba alguno más, no lo sé. Muchas gracias Ana. Te mando un beso.

      Eliminar
  13. Que buena narración, es tan... tan... los libros que encuentro(¿?) para leer o los que leo. Te atrapa, y te deja imaginar sin límites la Ana-situación.
    Y tal vez, de tanto comer Ana se comió y ahí se quedó. De tanto comer, llegó el final. Supongo que así son los vicios; argumentan comentarios sin sentido, atrapan, vencen... por ahí ella era su propio vicio.
    Beso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. la ana situación. Excelente. Y sí, todos somos nuestro propio vicio porque todos nosotros somos el todo. Es muy inteligente tu lectura. Muchas gracias, Camila.

      Eliminar
  14. uh que fuerte... me decidí a leer todo y la verdad que me gustó a pesar de la densidad de la historia...
    todos caeríamos en esa situación...
    muy bien escrito entonces... salu2....

    ResponderEliminar
  15. Muy entretenido, pero lo mejor es que me hizo pensar en lo rápido que pasa el tiempo. De verdad el tiempo vuela.

    ResponderEliminar