miércoles, 8 de octubre de 2014

Anticipándonos a la Navidad



Tres días en la vida de Santa


1er. día: 22 de diciembre

El laburo –el curro, diría mi viejo– se lo consiguió Telmo. En realidad lo venía haciendo él hasta ese día, pero le había salido para hacer de mozo en un bar de karaoke, que era más guita, por las propinas, por lo que le habló a Beto. Incluso le dijo de tirar un colchón en el living de su casa, total quedaban solamente tres días hasta Navidad. María Gabriela no se enojaría, no. Con lo de las fiestas estaba a jornada extendida porque en la tienda no daban abasto con las ventas. Beto aceptó. De cualquier manera, no le quedaba otra.
El trabajo era un clásico, cualquiera lo conoce. Consistía en disfrazarse de Papá Noel e instalarse en una silla frente a una especie de cabaña en el tercer piso del shopping para recibir las peticiones de los chicos, hacerles upa y posar para las fotos. El traje era la muerte: hedía a dinosaurio y estaba hecho de un pañolenci grueso como una frazada. El horario era de diez de la mañana a diez de la noche con quince minutos de descanso para una hamburguesa en el patio de comidas –gentileza del shopping, por supuesto–.
Para cuando llegó el fin de la primera jornada, Beto estaba deshidratado y le dolía la cabeza; a lo único a lo que atinó fue a tomar una aspirina y a tirarse en el colchón que le habían puesto.


Segundo día: 23.

Hacía más calor y el traje era una sopa por adentro. Trataba de moverse lo menos posible pero el gerente se había ensañado con él y pasaba a cada rato; que agitara la campanita y jo, jo, jo, le ordenaba con esos ojos que destilaban tirria. Y los chicos haciendo fila y todas sus voces agudas al mismo tiempo con eso de la play, la patineta y las zapatillas de Violeta. Unos botines de Messi y otra vez la play y las zapatillas. Y para colmo tres adolescentes de flequillo y shorcitos –supuso que habrían hecho una apuesta entre ellas– que lo miraban y se reían señalándolo. Una insistió en subirse a sus rodillas y empezó a frotarse y a pedirle guarradas en el oído. Se quería matar, Beto. Estaba todo mal, era chiquita, no podía estar haciéndole lo que le hacía y con las madres y los nenes viendo todo, todo el tiempo. Cuando las chicas por fin se cansaron y se fueron, Beto quedó envarado y no había modo de volver a la normalidad. Para las diez de la noche no sabía ni cómo se llamaba. Daba vueltas en el colchón tratando de pensar en cualquier cosa para calmarse. Fue inútil. María Gabriela pasó al baño en ropa interior, dos o tres veces. Pensó que no se controlaría.

3er día: Nochebuena.

El traje parecía de lata a esta altura. Como el de un buzo o un astronauta. Y más y más chicos en la fila interminable. Pero había que ponerle el pecho. Después de la hamburguesa, al retomar su puesto, se encontró con que la primera era la adolescente del otro día. –Me estás jodiendo– pensó Beto, pero ya se le había puesto dura y ella, frotándose y diciéndole al oído que quería un vibrador y una ropita ¿eh, Santa?
Beto no tenía más minutos de descanso pero le importó un cuerno. Fue hasta el baño y se hizo una paja de parado, en el retrete. Eyaculó lo que le pareció un litro entero de esperma. Tanto que manchó el traje justo donde más se notaba por lo que intentó limpiárselo con ese papel ordinario que salía de un coso de acrílico al que hay que bajarle y subirle una palanca. Cualquiera sabe lo difícil que resulta quitar manchas de semen de una tela que absorbe.
Cuando quiso retornar a sus tareas vio que en su puesto había dos agentes de seguridad del shopping y uno que a todas luces era un poli de civil. Emprendió la retirada intentando que no lo vieran pero ¡ey! le gritaron y entonces se echó a correr. Se largaron tras él como perros de presa que eran. Bajó la escalera mecánica usando el pasamanos de tobogán pero tenían handys, los tipos. Otros dos lo estaban esperando abajo. Los borcegos le apretaban por lo que mucho no podía correr; se tiró de cabeza atravesando el kiosco de sweet candys. Los globos inflados con helio volaron hacia el techo tras el consiguiente desparramo y griterío. Pudo salir con lo justo por la puerta que daba al estacionamiento del bingo; esquivó por milímetros una mano que le retuvo el gorro tomándolo de la borla. Corrió por entre los autos estacionados. Se trataba de un extraño Papá Noel, sudado y calvo: llamaba demasiado la atención. Una cuarenta y cinco reglamentaria apuntada al medio de los ojos le detuvo la carrera. Lo pusieron boca abajo, le esposaron las manos en la espalda y se lo llevaron a la seccional. Lo ficharon y le preguntaron una y mil veces por qué había corrido. No supo que decirles. Sólo que se había asustado. Le dejaron hacer una llamada. No les dijo, pero fue larga distancia. La madre al otro lado le preguntó si estaba bien y Beto le dijo que sí, que había conseguido un trabajito en el shopping, que todo estaba perfecto. Entonces le preguntó con quién iba a pasar la Nochebuena y él le dijo que con amigos. “Feliz Navidad, m`hijito” le deseó la vieja. Después cortaron. A las diez, diez y media de la noche pisó las calles nuevamente. Telmo y María Gabriela no le preguntaron nada. Con verle la cara se notaba que no estaba para contestar preguntas. Además tenían invitados. Le hicieron un lugar en la mesa y a las doce, que ya eran, brindaron todos.   

14 comentarios:

  1. Las luces navideñas de Garriga se encienden todavía antes que las de El Corte Inglés.
    Buen relato.
    Un placer volver a leerte.
    Un abrazo, Fernando.

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    1. Gracias, chema, la continuidad cuesta y a veces el silencio reclama justamente, un silencio lo que es parte de la música. Abrazo

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  2. Hay que avisarle a Pa Noel que la moda polar no garpa en el verano del sur... entre tanto paquete en el trineo, deberia traerse una remera musculosa... y mas teniendo en cuenta que dos palabras al oido te pueden poner mas en verano que el verano.
    Beso Garri, sos único escribiendo :)

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    1. Totalmente. Gracias por lo de único. A veces cuesta seguir adelante porque uno cree que faltan alicientes y ahora vos, con estas palabras, sos mi aliciente.

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  3. Ante tanto ingenio me quito el sombrero = (Funda Mental)

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    1. je, gracias María, tanto tiempo que no nos vemos. Estuve un poco ausente estos días.

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    1. sí.nadie puede negar eso, pero qué difícil.

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  5. Qué buena y tragicómica historia, amigo Garriga!
    Al protagonista no le salió bien al final el trabajo pero tendrá una aventura qué contar a sus nietos, jejeje
    No sabía yo que había jovencitas tan perversas, :)
    Un largo largo abrazo.

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    1. podrá contarla en privado, tal vez, con unos tragos encima. Gracias ohma un largo abrazo para vos tambien

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  6. Tremendo esto, y es tan común. Imaginate lo mal que debe pasarla Barney con semejante cola y el agregado de que siempre te cae peor que Santa. Uno de los peores trabajos del mundo. Se me ocurren quinientas mas de todas formas. Me gustó mucho como la escribiste... podrías inventar un diario de oficios horribles como éste. Cargar fiambres y reces para un supermercado podría ser otro.

    Te mando un abrazote.


    Emilie

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    1. si, pantera rosa en el trencito de la alegría. Dios mio, una vez vi un video de uno que se agarraba a las piñas. creo que de ahí sale este humilde textito. Todo lo que uno haga para un supermercado debe ser peor. Muchas gracias Emilie, me gusta que te guste. Un beso

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  7. Me quedé pasmada tras leerte GARRIGA:) Normalmente según leo soy un chorro de letras, a ti te leí y me quedé sin saber cómo decirte que escribes tan hiperelista que teniendo en cuneta lo que me gusta la Navidad ( lo sé soy una marciana pero es verdad :-) me han dado ganas de agarrar a esa niñatas estúpidas y pegarles un bueen tirón de pelos ...por brujaassss! jajaja Pobre BETO! ... ¿ se puede saber cómo se te ocurre una trama tan destroyer? te ha atacado el virus Bukowsky .. necesitas darle al drinking del realismo mágico ... ( es todo broma, es brutal lo bien que escribes ) te he añadido a mi lateral, no te tenía, jo! perdóname el retraso ( como ahora no te encuentro por ningún bloc de los que miro -llevaba tiempo mirando poco- he tardado un montón en ver esta hamburguesa de carne picada derretida que has hecho con el pobre Santa .. jaja ... te perdono porque ahí es verano en Navidad.. comprendo que con calor la Navidad sea un asco lleno de moscas.. aquí hace frío, mucho y noches estrelladas .. es más fácil ver el trineo de Santa:-)

    Enhorabuena ! Por favor no dejes de escribir, los ojeadores de talentos argentinos tienes que estar ciego si no se te rifan.. todo llegará.. o bueno es bueno siempre... aunque tarde en reconocerse! meeencanta verte tocar en garitos, sieeeempre es inmenso placer y un lujo! gracias, miles de gracias.


    Ah! ( casi me haces llorar con lo de Saer ... xD! habías bebido cuando comentaste ayer ¿verdad?;-) .. Muaaaaaaaaaaakkss!!!

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    1. gracias, Maria. Todo llega dice mi vieja, ya veremos. Tengo 50, puedo esperar otros 50 más quién me apura.
      Saer es muy difícil de leer por varios motivos. Un parrafo de Glosa equivale a dieciseis novelas de Olguín o Brindisi o Sacomanno. Otro motivo por el que me cuesta leerlo es que leo dos párrafos y me dan ganas de escribir como él.
      Bukski me gusta, sí. Me guta su atmósfera
      y si debo haber bebido, pero ya.

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