lunes, 24 de noviembre de 2014

SALSA O CHIMI

EN SU REGRESO, GARRIGA Y GARRIGUITA, PRESENTAN, UNA BREVE NOVELA EN 13 ENTREGAS COLECCIONABLES. 


Salsa o chimi.
(Una novela con varios finales felices)

Capítulo 1: Las 10 AM. Danilo

Después de haber encendido el fuego en un tacho de metal ennegrecido, como todas las mañanas, el rengo Danilo conecta la ristra de luces –que consiste en varias lamparitas colgando de sus respectivos portalámparas a lo largo de un cable de unos diez metros- entre el poste del tendido eléctrico y la rama alta de un acacio blanco en un punto específico de la colectora de la autopista Ezeiza-Cañuelas. Por supuesto, la conexión es clandestina, por eso no le importa tenerla encendida a la plena luz para anunciar que la parrilla está abierta para los que quieren inaugurar el día tomando una cerveza o un fernet o un blanquito, con hielo, si hace calor. Eso sí, de comer no se sirve hasta las doce y punto. Entonces:  son como las diez, ya, de un día caliente de noviembre. Los autos, los camiones, los tipos en las motos, en las bicis y hasta los carros de los cartoneros pasan raudos y no tan raudos; algunos le tocan bocinazos cortos a modo de saludo. Es que la parrilla “el 73”, según nomina un cartel de chapa pintado a mano, es bastante conocida en la zona. Hace cinco años y medio que Danilo se instaló en el lugar con un tambor de aceite partido al medio en el que hace el fuego y ofrece a la venta ocasional, choripanes de tamaño “extralarges” y sándwiches de bondiola, de morcilla o de vacío. Los camioneros fueron sus primeros clientes y luego todo tipo de personas a las que el mediodía los sorprende en el lugar; la cantidad de vehículos detenidos en el pasto en derredor de la columna de humo blanco que asciende recta hacia el cielo desde el chulengo, indican que allí se comen porciones abundantes, adobadas con salsa criolla o chimichurri de elaboración casera. El negocio ha crecido tanto que se compró una vieja Volkswagen, cercana al desguace, que deja estacionada bajo la sombra del mismo acacio del que hace un rato colgó la ristra de las luces. Allí tiene su cama, una tele, para ver los partidos y una heladera y un freezer, al costado, bajo un toldo que los protege, un poco, de la intemperie.  Puede decirse que Danilo ha ejercido una exitosa adaptación al medio en el que vive y que, aunque no tenga progenie, ha progresado como individuo a pesar de que su lugar no tenga habilitación municipal alguna y de que todo, según desde dónde se lo mire, es bastante precario. Tan precario como su baño, una letrina que simplemente es un pozo cavado en el suelo, entre dos árboles y cruzado por una tabla, cercado de la vista, con unas chapas de viejos carteles publicitarios. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

Halloween (atrasado)


 Ahora que se festeja Halloween vienen los niños del edificio con eso de dulce o truco a interrumpir mi descanso en el pequeño departamentito que me ha quedado luego de la división de bienes. Siempre elijo dulce y entrego, primorosamente envueltas, dos trufas a cada niño. La grana de colores disimula perfectamente el veneno para ratas. En realidad la gracia que yo le encuentro a las noches de brujas consiste en dulce y truco al mismo tiempo.