lunes, 2 de febrero de 2015

Salsa o Chimi, Capítulo 8 de 13 y un epílogo.

La dos de la mañana de ese mismo día. Herbert y sus benditos planes.

A todo esto el alemán Herbert anda en su Corsa, surcando la noche. No es, en realidad, que haya estado pergeñando cosas. Simplemente los hechos que suceden, o sus pulsiones tal vez, van modificando su rumbo. Tampoco es que sea un tipo infiel que, sistemáticamente, se dedique a engañar a, su esposa. Contadas veces ha sucedido. Es que desde que ha dejado el trabajo en el peladero Cresta Roja, bah, dejado es un modo de decir, porque siete mil dólares escondidos en una bolsa negra detrás de la mochila plástica del depósito del baño no es una suma como para decir me salvo para toda la cosecha pero ayudan, por ejemplo, para cambiar el auto porque a eso se dedica Herbert hoy día, a conducir su Corsa azul como remis. Pero bien, entonces ¿no?, lo del engaño, no es que sea en sí premeditado pero lo del despido y el estrés que provoca la falta de trabajo en un tipo que, además, tiene a la mujer embarazada y también eso, justamente, Romina estos últimos meses, está muy gorda y pensando todo el día en el bebé, entonces bueno, uno no es de palo y menos ahora que ha ido, Herbert ¿no?, a buscar en el remis, al bingo de Monte Grande a una chica rubia que le pide que la lleve para el barrio de Montana. Se trata de una, joven, que no llega a los treinta años, muy pechugona – y eso es lo que un poco pierde a Herbert- y sin contar con que viene un poco achispada; el alemán enseguida se da cuenta o deduce que tal vez sea por el champán que regalan en la sala de juego. Y ella es charlatana. Enseguida le da confianza y le habla y le sonríe –tiene los labios gruesos, con rouge, sensuales- y le tira palos, como habitualmente se dice porque a las cinco cuadras, nomás le cuenta que ella siempre sale sola, y a escondidas, porque el marido trabaja todas las noches, toda la noche y que duerme de día por lo que, bueno, dice con una sonrisita, la rubia -teñida es cierto, pero rubia al fin, porque si vamos al color original del pelo ¿no?, más de la mitad de las personas de este mundo sería canosa- una se siente sola y se las rebusca para divertirse, como puede. Y a mí el bingo me puede. Después le dice a Herbert que tiene lindos ojos lo que es cierto, porque son de un color celeste claro que brillan en la noche y contrastan con el cabello oscuro del alemán que lleva abrillantado, parece húmedo, con gel y sumado a la barba de dos o tres días y a la camisa blanca, bueno, le dan aspecto de esos galanes de las telenovela que Teresa, porque la mujer no es otra que Teresa, de más está decirlo, ve por las siestas y sueña, vamos, porque no hay nadie en este mundo que no sueñe cuando puede hacerlo. Solo los muertos no sueñan, decía mi abuela aunque tal vez la muerte sea eso, sueños; porque por ahí, ¿no? todo esto no exista y seamos sueños, nosotros, los habitantes del mundo. Sueños de tipos muertos, que nos sueñan. Pero no tiene sentido, o por lo menos ahora, hablar de eso.
No. Lo que Teresa no dice es que su marido es un policía, un violento de mierda, un verdadero hijo de puta que le pega, a veces. No, no se lo dice. De habérselo dicho el alemán se lo hubiera pensado un poco antes de lanzarse a la aventura. Pero él va, como un jilguerito rumbo a la trampera porque hay una jilguera que canta, encerrada y triste en el compartimento de abajo de la jaula. Inocente Herbert dice: Pero ¿en serio? No puedo creer que una chica tan linda como vos y no por lo linda que sos físicamente, digo, sino que tu aura o lo que vos transmitís de tu interior es que sos un ser puro, lleno de luz. ¿y en serio me lo decís? pregunta ella dentro de esa cápsula del tiempo intergaláctica que parece el Corsa Azul atravesando el universo, hundido, tal vez cegado por la densa nube de las hormonas sensuales, en las cada vez más oscuras calles porque Herbert conoce un lugar, entre los árboles, al costado de la autopista y sí claro, dice dándose vuelta y mirando atrás. Entonces ella se compunge y le cuenta que se siente sola, muy sola. Que a veces está triste. Y es como si sollozara y la curva de su pecho, esas tetas enormes, que parecen duras y lo son, tan suaves, porque ya Herbert se ha detenido y está en el asiento de atrás y se están besando, los dos, apasionadamente urgidos porque por qué no permitirse soñar. Y se acarician y sienten las palpitaciones tibias de ambos pechos y, entre sonrisas plácidas, sienten la picazón que provoca el saber que lo que están haciendo está prohibido y con el agregado de saber, Teresa, cómo se pone su marido si se entera. Herbert le desprende la camisa y queda expuesta, a la luz azul de la luna, la piel suave y brillosa de los hombros; y le dice cosas dulces y soeces al oído mientras le aparta el corpiño y de rodillas, él, desprende su cinturón ofreciendo, enhiesto, su pene, para bueno, el seribín o la fellatio o como quieran que la gente llame a ese acto.
Todos saben lo incómodo que es el asiento trasero de un Chevrolet Corsa. Es duro y pequeño. En busca de lograr la posición adecuada, Herbert, ni se entera de que la Toyota policial se ha detenido, ni de que la puerta se abrió a sus espaldas, ni de que una mano, adornada con un único anillo, cuadrado y de plata, lo toma de los pelos y lo jala hacia afuera. El cabo Almirón es un tipo de pocas palabras. Inmediatamente se pone a pegar. Teresa ha descendido del vehículo y mal componiendo su vestimenta, implora de rodillas que no, Almirón, por favor no lo hagas y siente que las cosas, esta vez, se le han ido un poco demasiado de las manos. El resto de la historia se conoce. La atención de Almirón cuando termina con el tipo, se vuelca sobre ella, Teresa, y la imagen concluye con Herbert tendido en el suelo, bañado en su sangre y en la luz azul, no de la luna, sino de la patrulla que se aleja.


11 comentarios:

  1. Un estilo dificil de clasificar, un poco de costumbrismo con algo de policial, en el conurbano. Y algo de Tarantino, en eso de contar el mismo episodio desde distintos puntos de vista.

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  2. Sí que está dando de sí esta novela. Me gusta.
    Abrazo.

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  3. Nunca dejes de escribir... lo haces muy bien
    Beso

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  4. Ya leí, pero no te pienso decir nada... ¿Herbert? ¿ esta vez le ha tocado a un pobre alemán? ¿ no podías ser girgo? ... no digo nada más... ¡¡muda! si no si no vuelves. Estoy con los brazos cruzados delante y con pucheros... noooo me como nada ni chichurri ni chirimiri .. ¡nada! si no vuelves... tu verás, aquí me quedo plantada como un poste ! ... y ya estamos a 4 Marzo, llevo esperando desde el 3 de febrero! ;)

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  5. gringo! quería decir .. bueno, bien pensado si es de la troika vale.. que sea alemán! .. Teresa ¿no va a espabilar nunca? ... no hablo, mejor no lo hago., ya ves tú.. yo aquí como Teresa .. menos mal que no me pegas jajaja

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    1. Es verdad Fernando, aunque no sea aquí, por favor, jamás dejes de escribir!

      Un día... ¡seguro! te estudiarán en los coles de Argentina en clase de literatura y...
      a Almirón le partirán la cara o le meterán entre rejas :)

      Cuídate mucho, un beso.

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  6. Y qué cosa el suicida...
    Y qué cosa tu estilo. Tiene un poco de todo, tengo que leerlo tooodo y coparme para entenderlo. Lo haré dentro de poco.
    Besotes

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  7. Dale man, publicá, que tengo ganas de leerte

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  8. toc toc... hay alguien en casa???

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