domingo, 7 de junio de 2015

Rumbo al matadero

Mi casa, se ve, queda cerca de un frigorífico en el que faenan animales. Muchas veces, los jueves sobre todo, veo pasar los camiones jaulas que transportan vacas. Van cansadas, se tropiezan y, atontadas, mueven sus ojos y orejas tratando de ajustarse al nuevo entorno que, parece, no ceja de cambiar. No saben que en un rato van a morir; que las van a atontar con un golpe en la cabeza y que las van a degollar. La cuestión me deja mal parado ante mí mismo. Es fácil echarle la culpa a la cultura del hombre carnívoro.  Uso cuero también, en mis zapatos. Si el león pudiera nos comería y blá, blá.
Cristina trabajaba en una casa de familia, en el country donde trabajo (los de España nunca saben qué carajos es un country o barrio cerrado. Calculo que ahora, con la crisis, deben estar aprendiéndolo.) Un día me contó que en su barrio, el Jagüel, aparecieron dos vaquitas que, ella decía, debían de haberse escapado del frigorífico hacia el que veo que pasan los camiones. Las encerraron en el patio y como siempre pasa, hubo quien dijo conocer a aquellos que sabían faenar animales.
Vinieron dos. Negociaron matarlas, cuerearlas y trozarlas a cambio del cincuenta por ciento de la carne. Cristina dijo que sí. Fue un acontecimiento en el barrio. Los dos tipos no eran muy duchos, parece que hicieron desastres. Cristina dijo que limpiar el patio de sangre le llevó días y quitar el olor, meses. Le parecía, al momento del relato, que todavía lo tenía metido en las narices.
Todo el que quiso se llevó un pedazo. Ella guardó carne en el freezer.
Era la crisis del 2001 fue lo que me dije para darle una estúpida explicación política al asunto.



6 comentarios:

  1. Huf... tema complejo el de la cadena alimentaria... y esta mañana de domingo me falta serotonina como para hacer una linda síntesis de lo que pienso al respecto... y q contenga coherencia...
    Me gusta que estés publicando otra vez :)
    Espero que estés bien
    Mil abrazos

    ResponderEliminar
  2. Tal vez el ser humano no esté preparado para ser vegetariano, mucho menos vegano.
    Yo también me alegro que vuelvas a publicar.

    ResponderEliminar
  3. A pesar de la crisis me niego a llamar las cosas con nombres ingleses. Me la lo mismo lo que pueda ser "country" y "freezer". Así soy de español y de tozudo.
    Me alegra verte de nuevo por tu casa.
    Un abrazo, Fernando.

    ResponderEliminar
  4. Ya me diste culpa; amo la carne, pero esos animales... pobres, como sufren. Nadie merece eso, pero el consumismo es parte de todos. O casi. Ya es parte, y en las crisis las ausencias se notan.

    Creo que en el amor no se puede elegir, pero sí tener en claro que es lo mejor para uno y para el otro. Y a pesar de lo difícil que pueda ser, ceder cuando la cosa ya no puede más. Por uno mismo y por el otro.

    Besote.

    ResponderEliminar
  5. Pobres vacas. Uno no sabe lo que sufren pero bien que nos las comemos.


    Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. Soy carnívoro de pura cepa. No como nada que no tenga madre. Me apena el sufrimiento de las vacas, sí, pero en la naturaleza se mata de muchas formas. Otros animales las comen vivas mientras se desangran. Son esas cosas que pasan en el mundo, entre tantas otras.

    Un saludo.

    ResponderEliminar