domingo, 28 de junio de 2015

El Orden Alfabético

Día de lluvia. Ya sé, no me critiquen, lo usé para ordenar mi desquiciada biblioteca por orden alfabético. Sucede que no bien comencé, me dio una ansiosa curiosidad por saber al lado de quién iba a quedar tanto mi libro como el de algunos amigos. Tuve miedo, hay algo de nicho en esto de los estantes; la inmortalidad que tanto perseguimos pero, ¿al lado de quién?

Estos son los resultados: Borges hombro a hombro con Bolaños, vaya mezcla. La suave Carolina Bruck entre Brizuela y Bukowski, ¿cómo se llevará con ellos? Jorge Consiglio y Cortázar. Habrá que verlos o mejor dicho, oírlos. A mi libro no le fue tan mal, quedó entre los Garcías Lorca y  Márquez y las cartas a Teo, de Paul Gauguin; ahí cerquita también del amigo Daniel Gigena que tuvo la suerte de terminar pegado a Girondo. Mi adorada Mónica Sifrim, al lado de Marcel Schwob. Debo confesar, por último, que hice algo de trampa; como no podía, de ninguna manera, soportar que Saccomano quedara al lado de Saer, bajé de estante a mi admirado santafesino dejando algunos lugares libres en el anaquel junto al primero. Cosas del orden, supongo. 


domingo, 7 de junio de 2015

Rumbo al matadero

Mi casa, se ve, queda cerca de un frigorífico en el que faenan animales. Muchas veces, los jueves sobre todo, veo pasar los camiones jaulas que transportan vacas. Van cansadas, se tropiezan y, atontadas, mueven sus ojos y orejas tratando de ajustarse al nuevo entorno que, parece, no ceja de cambiar. No saben que en un rato van a morir; que las van a atontar con un golpe en la cabeza y que las van a degollar. La cuestión me deja mal parado ante mí mismo. Es fácil echarle la culpa a la cultura del hombre carnívoro.  Uso cuero también, en mis zapatos. Si el león pudiera nos comería y blá, blá.
Cristina trabajaba en una casa de familia, en el country donde trabajo (los de España nunca saben qué carajos es un country o barrio cerrado. Calculo que ahora, con la crisis, deben estar aprendiéndolo.) Un día me contó que en su barrio, el Jagüel, aparecieron dos vaquitas que, ella decía, debían de haberse escapado del frigorífico hacia el que veo que pasan los camiones. Las encerraron en el patio y como siempre pasa, hubo quien dijo conocer a aquellos que sabían faenar animales.
Vinieron dos. Negociaron matarlas, cuerearlas y trozarlas a cambio del cincuenta por ciento de la carne. Cristina dijo que sí. Fue un acontecimiento en el barrio. Los dos tipos no eran muy duchos, parece que hicieron desastres. Cristina dijo que limpiar el patio de sangre le llevó días y quitar el olor, meses. Le parecía, al momento del relato, que todavía lo tenía metido en las narices.
Todo el que quiso se llevó un pedazo. Ella guardó carne en el freezer.
Era la crisis del 2001 fue lo que me dije para darle una estúpida explicación política al asunto.