sábado, 24 de diciembre de 2016

Tres días en la vida de Santa
1er. día: 22 de diciembre
El laburo –el curro, diría mi viejo– se lo consiguió Telmo. En realidad lo venía haciendo él hasta ese día pero le había salido para hacer de mozo en un bar de karaoke, que era más guita, por las propinas. Por eso había hablado con Beto. Incluso le dijo de tirar un colchón en el living de su casa total quedaban solamente tres días hasta Navidad. María Gabriela no se enojaría, no. Con lo de las fiestas estaba a jornada extendida porque en la tienda no daban abasto con las ventas. Beto aceptó. De cualquier manera, no le quedaba otra.
El trabajo era un clásico, cualquiera lo conoce. Consistía en disfrazarse de Papá Noel e instalarse en una silla frente a una especie de cabaña en el tercer piso del shopping para recibir las peticiones de los chicos, hacerles upa y posar para las fotos. El traje era la muerte: hedía a dinosaurio y estaba hecho de un pañolenci grueso como una frazada. El horario era de diez de la mañana a diez de la noche con quince minutos de descanso para una hamburguesa en el patio de comidas –gentileza del shopping, por supuesto–.
Para cuando llegó el fin de la primera jornada, Beto estaba deshidratado y le dolía la cabeza; a lo único a lo que atinó fue a tomar una aspirina y a tirarse en el colchón que le habían puesto.
Segundo día: 23.
Hacía más calor y el traje era una sopa por adentro. Trataba de moverse lo menos posible pero el gerente se había ensañado con él y pasaba a cada rato; que agitara la campanita y jo, jo, jo, le ordenaba con ojos que destilaban tirria. Y los chicos haciendo fila y todas sus voces agudas al mismo tiempo con eso de la play, la patineta y las zapatillas de Violeta. Unos botines de Messi y otra vez la play y las zapatillas. Y para colmo tres adolescentes de flequillo y shorcitos –supuso que habrían hecho una apuesta entre ellas– que lo miraban y se reían señalándolo. Una insistió en subirse a sus rodillas y empezó a frotarse y a pedirle guarradas en el oído. Se quería matar, Beto. Estaba todo mal, era chiquita, no podía estar haciéndole lo que le hacía y con las madres y los nenes viendo todo, todo el tiempo. Cuando las chicas por fin se cansaron y se fueron, Beto quedó envarado y no había modo de volver a la normalidad. Para las diez de la noche no sabía ni cómo se llamaba. Daba vueltas en el colchón tratando de pensar en cualquier cosa para calmarse. Fue inútil. María Gabriela pasó al baño en ropa interior, dos veces. Pensó que no se controlaría.
3er día: Nochebuena.
El traje parecía de lata a esta altura. Como el de un buzo o un astronauta. Y más y más chicos en la fila interminable. Pero había que ponerle el pecho. Después de la hamburguesa, al retomar su puesto, se encontró con que la primera era la adolescente del otro día. –Me estás jodiendo– pensó Beto, pero ya se le había puesto dura y ella, frotándose y diciéndole al oído que quería un vibrador y una ropita ¿eh, Santa?
Beto no tenía más minutos de descanso pero le importó un cuerno. Fue hasta el baño y se hizo una paja de parado, en el retrete. Eyaculó lo que le pareció un litro entero de esperma. Tanto que manchó el traje justo donde más se notaba por lo que intentó limpiárselo con ese papel ordinario que salía de un coso de acrílico al que hay que bajarle y subirle una palanca. Cualquiera sabe lo difícil que resulta quitar manchas de semen de una tela que absorbe.
Cuando quiso retornar a sus tareas vio que en su puesto había dos agentes de seguridad del shopping y uno que a todas luces era un poli de civil. Emprendió la retirada intentando que no lo vieran pero ¡ey! le gritaron y entonces se echó a correr. Se largaron tras él como perros de presa que eran. Bajó la escalera mecánica que subía, usando el pasamanos de tobogán. Pero tenían handys, los tipos. Otros dos lo estaban esperando abajo. Los borcegos le apretaban por lo que mucho no podía correr; se tiró de cabeza atravesando el kiosco de sweet candys. Los globos inflados con helio volaron hacia el techo tras el consiguiente desparramo y griterío. Pudo salir con lo justo por la puerta que daba al estacionamiento del bingo; esquivó por milímetros una mano que le retuvo el gorro tomándolo de la borla. Corrió por entre los autos estacionados. Se trataba de un extraño Papá Noel, sudado y calvo: llamaba demasiado la atención. Un policía uniformado le detuvo la carrera. Lo puso boca abajo y le esposó dolorosamente las manos en la espalda. En la seccional lo ficharon y le preguntaron una y mil veces por qué había corrido. No supo que decirles. Sólo que se había asustado. Le dejaron hacer una llamada. No les dijo, pero fue larga distancia. La madre, al otro lado, le preguntó si estaba bien y Beto le dijo que sí, que había conseguido un trabajito en el shopping, que todo estaba perfecto. Entonces le preguntó con quién iba a pasar la Nochebuena y él le dijo que con amigos. “Feliz Navidad, m`hijito” le deseó la vieja. Después cortaron. A las diez, diez y media de la noche pisó las calles nuevamente. Telmo y María Gabriela no le preguntaron nada. Con verle la cara se notaba que no estaba para contestar preguntas. Además tenían invitados. Le hicieron un lugar en la mesa y a las doce, que ya eran, brindaron todos.  


11 comentarios:

  1. Se ve que hay trabajos buenos, malos, muy malos y de Santa Claus.
    Felices Fiestas.
    Un abrazo.

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  2. Todo un homenaje para esos sacrificados que tienen que aguantarse ese traje feo e incomodo con estas temperaturas.
    Y encima mantener esa actitud inocente con esa adolescente que insiste en levantarle ciertas emociones. Seguro que otras circunstacias, no le prestar atencón.

    No es es común encotrar buenos relatos navideños-
    Este es uno.
    Felices fiestas.

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    1. GRacias, demiurgo. Vengo poco por el blog. Siento que me pierdo amigos. Le mando un abrazo y felicidad para usted también.

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  3. Pa matarte FERNANDO!!! noooo muuucho peor, para meterte a besos y luego zumbarte en la cabeza con una botella de champán hasta dejarte inconsciente con una bandada de pajaritos dándote vueltas encima con sonrisa de bobalicón en tu carita ... genial! tu cuento fantástico, su fondo devastador ... pues no, lo siento mata espíritus navideños... te faltó escribir que cuando ya sentados en la mesa María Gabriela miró a Beto saltó una chispa de la lámpara que encendió la bengala del pastel de Navidad que iluminó la estancia y sin saber cómo toooodos terminaron besándose como posesos con los ojos empapados deseándose lo mejor no porque ... fuera Navidad, no porque era tan buen día ese ,como cualquier otro para decir que les quieres a... quienes quieres ; )

    Y.. por eso mismo cundo un grandísimo escritor te regala un cuento mágico amargo dulce q escuece pero no puedes dejar de leerlo le sueltas este rollo sin saber si quiera si lo leerá pero deseándole de corazón q toooodo le vaya de maravilla porque hace muuuuucho tiempo al otro lado del océano alguien tuvo la grandísima suerte de conocer su don con las letras ... gracias ...
    ...mil gracias por este y tantos regalos tuyos!!!

    Muy feliz Navidad para ti y los tuyos y todo lo mejor y más para este 2017 a punto de estrenarse aunque hayas sido tan...


    ¡¡Malo!!

    ; )


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  4. perdoooooon te he escrito horrible, lo he hecho a la carrera con le móvil y ni las palabras ni la puntuación me ha salido donde debía ... jajaja .. resumen .... de todo...

    Graaaacias, me ha alegrado muchísimo volver a leerte!!!

    Lo fantástico y especial nunca se olvida !!

    MmuaaaaaksS!

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  5. Gracias por tanto, María. Hacía mucho que no pasaba por el blog. Supongo que debería hacerlo más seguido. Es mucho el cariño que recibo aquí. Te agradezco tus palabras, me llenan de alegría. ASí que feliz año nuevo para vos también y te mando un abrazo enorme.

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  6. Hacía tiempo que no pasaba por los blogs y hoy me he tomado un tiempo y ¡qué sorpresa! me he encontrado contigo. Un alegrón me he llevado en recuerdo de los viejos tiempos. Sigues escribiendo con ese estilo que te caracteriza, riqueza de vocabulario autóctono y realismo que destila autenticidad y esto es lo que atrapa al lector. Bueno, qué te puedo decir yo que tú no sepas.
    Todo mi cariño. Besos.

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    1. Todos, parece, hicimos lo mismo: desaparecer. Como si eso que sostuvimos en los blogs, ya no estuviera. Pero, bueno, sigue presente, el tiempo, lo construido, las empatías. Gracias María. Mi cariño también para vos.

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  7. Ufff vaya con esa niña.


    Un abrazo Garrigas

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    1. Abrazo para vos también, querida malquerida

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