domingo, 28 de mayo de 2017

La Flora Ancestral



Dedicado a JLO de Cuando el Arte Ataque que preguntó por mí




La luz de la mañana juega entre las plantas. Hay musas paradisíacas, geranios y azareros. El jardinero cuando corta el césped, siega sin saber los oxalis, las vicias bonaerensis y los dientes de león; todas especies originarias que, empedernidas, tras nada más una semana de lluvia, son bien capaces de volver como un colorido malón a teñir entera la campiña de amarillo y de violeta. 
Efedras, trilobium, carquejas, zefirantes: nombres desconocidos para aquel aquejado por la moda minimal de un jardín burgués con formios y agapantos. Aquel que ignora que, bajo sus zapatos húmedos de rocío, puede encontrar aroma y medicina.
Algo que en la antigüedad fuera conocido, nombrado y respetado como sagrado.
Algo que la perpetua brutalidad mandó al olvido y, con la ironía de una lengua apropiadora, juzgó pertinente al desierto. “Algo que no está, que no tiene entidad”.
La flora ancestral, para mí, es la memoria: resiste y espera.

3 comentarios:

  1. Volviendo a las raíces.
    Dichosos los ojos, Fernando.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. ¿Quién está libre de ser el jardinero que desconoce la realidad a su alrededor, la influencia de sus actos? Bien contado.
    Que bien que escribiste algo nuevo.
    Saludos

    ResponderEliminar
  3. muy inspirado... muy floral también, me gusta... y gracias por la dedicación, se te extrañaba... abrazo...

    ResponderEliminar