jueves, 15 de febrero de 2018

Página 12

A mi cumple de cuatro vino un compañero de papá
con su señora a la que le decían Mimí. Recuerdo su peinado
sesentoso, tipo Jackie Kennedy. Recuerdo que me trajeron de regalo un camioncito
militar de plástico, que cargaba chocolatines bajo la lona.
Recuerdo que ellos se pusieron a jugar a las cartas y yo con el camión y
otros juguetes. Recuerdo haber encontrado una aguja de tejer bajo el
sillón; recuerdo haberla embocado en el enchufe. Recuerdo que salían chispas y
que la aguja se derretía maravillosamente. Recuerdo los gritos de los grandes. No recuerdo nada más.
Papá me explicó que me salvé porque la aguja tocaba un radiador de hierro de la calefacción y que la electricidad desviaba por ahí.
Me atrajo esa idea de peligro en la que el destino parece estar jugado a cara o ceca.
Años más tarde, Mimí se suicidó.
Tomó todas sus pastillas
y chau, no se salvó.
(de libro de próxima aparición ¿parición?).

4 comentarios:

  1. Lástima que las pastillas no funcionen como la electricidad y que Mimí no tuviera un radiador cerca para que se desviaran por allí.
    Suerte con el libro.
    Un abrazo.

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  2. Respuestas
    1. Está mal escrito, Corina. Escribís también, debe decir. Gracias por tanto

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